En un contexto donde las emisiones globales de dióxido de carbono superaron los 37 mil millones de toneladas, el sector aéreo enfrenta una presión creciente para transformar sus operaciones. Aeroméxico se posiciona como uno de los principales impulsores de esa transición en la región, con una hoja de ruta concreta orientada a la neutralidad climática para mediados de siglo.
Una alianza sin precedentes en la región
La aerolínea mexicana anunció recientemente un acuerdo con Grupo Bimbo para impulsar el uso de Combustible Sostenible de Aviación (SAF) en México y en el resto de América Latina. Bajo este esquema, Grupo Bimbo adquiere SAF a través de Aeroméxico, permitiendo que ambas organizaciones reduzcan su huella de carbono desde frentes complementarios: Aeroméxico disminuye sus emisiones directas vinculadas al transporte aéreo, mientras que Bimbo compensa las emisiones indirectas asociadas a los viajes de negocios de su personal.
Se trata de la primera alianza de este tipo en América Latina, y marca un precedente para la articulación entre sectores en la descarbonización del transporte.
Crecimiento sostenido en el uso de combustibles alternativos
El compromiso de Aeroméxico con la sostenibilidad no es reciente. Desde 2011 la aerolínea ha incorporado alternativas más limpias en sus operaciones, con resultados cada vez más concretos: el consumo de SAF pasó de 10.000 litros en 2021 a más de 4,1 millones de litros en 2025. Como resultado de esta y otras iniciativas, la compañía reportó una reducción neta del 11,49% en la intensidad de sus emisiones durante 2025 respecto a los niveles de 2019.
El SAF representa una ventaja técnica significativa: en comparación con la turbosina convencional, logra reducir hasta un 90% las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de su ciclo de vida.
Tres ejes para llegar a 2050
La estrategia de descarbonización de Aeroméxico se articula en torno a tres prioridades. La primera es la eficiencia operacional: la aerolínea se propone que el 74% de su flota esté compuesta por aeronaves de última generación para 2030, al tiempo que busca reducir un 30% de las emisiones en tierra mediante energías renovables y mejoras en la gestión del combustible.
La segunda es la integración de pasajeros y socios corporativos en experiencias de vuelo sostenibles, incluyendo acciones contra el tráfico ilegal de fauna silvestre y la eliminación de plásticos de un solo uso a bordo.
La tercera es la adopción de energías alternativas, con el SAF como eje central de la transición energética en sus operaciones.
América Latina, un territorio con potencial propio
La región atraviesa una fase temprana pero estratégica en materia de SAF. Su amplia disponibilidad de materias primas —residuos agrícolas, aceites usados y biomasa— la posiciona como un actor con potencial real para convertirse en uno de los principales polos de producción y consumo de este combustible a escala global.
En Centroamérica, donde la conectividad aérea es esencial para el turismo, el comercio y la integración económica, la descarbonización del sector también avanza. Aerolíneas y operadores aeroportuarios trabajan en la modernización de flotas, la eficiencia energética en tierra y la electrificación de equipos, en línea con los estándares ambientales internacionales y los compromisos asumidos ante organismos multilaterales.
La convergencia entre política ambiental, innovación tecnológica y acuerdos intersectoriales marca el nuevo estándar de competitividad para la aviación latinoamericana.

