Washington cuestiona el mecanismo climático europeo y lo iguala a un arancel encubierto

El embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea sostuvo que el CBAM protege a la industria europea del mismo modo que los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio que Bruselas cuestiona desde hace años.
Washington cuestiona el CBAM
Washington cuestiona el CBAM

El representante de Estados Unidos ante la Unión Europea, Andrew Puzder, cuestionó el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés) en un artículo de opinión publicado el 12 de agosto, en el que planteó que el instrumento europeo no difiere sustancialmente de los aranceles que Washington aplica al acero y al aluminio por motivos de seguridad nacional. Según el embajador, aunque Bruselas presenta al CBAM como una medida climática vinculada al contenido de carbono de esos metales, en la práctica funciona como un arancel bajo otro nombre y termina protegiendo a los productores europeos frente a la competencia externa. El planteo llega en un momento en que ambos bloques negocian activamente el alcance final de sus respectivas barreras al comercio de metales.

Qué es el CBAM y por qué molesta a Washington

El CBAM exige a los importadores de acero, aluminio, cemento, fertilizantes, hidrógeno y electricidad hacia la Unión Europea que compren certificados equivalentes al precio del carbono que esos productos habrían pagado si se hubieran fabricado dentro del bloque. El mecanismo dejó atrás su fase de reporte y entró en su etapa definitiva el 1° de enero de 2026, aunque la Comisión Europea decidió elevar el umbral de exención a 50 toneladas anuales, lo que libera de las obligaciones de autorización y compra de certificados a cerca del 90% de los importadores registrados y posterga el inicio de la compra efectiva de certificados a febrero de 2027. En paralelo, Bruselas propuso en diciembre de 2025 extender el mecanismo a productos siderúrgicos y de aluminio más elaborados —alrededor de 180 líneas adicionales, incluidos ciertos vehículos y electrodomésticos— a partir de 2028, una ampliación que todavía debe aprobar el Parlamento Europeo.

El propio diseño del mecanismo le da la razón, en parte

El argumento de Puzder encuentra respaldo, aunque de forma involuntaria, en la manera en que la propia Unión Europea describe al CBAM: la Comisión ha explicado que el mecanismo busca proteger a los productores europeos frente a competidores de países con normas ambientales menos exigentes, la misma lógica de resguardo industrial que Bruselas critica cuando la aplica Washington. Un estudio del Fondo Monetario Internacional publicado en 2025 concluyó que el impacto agregado del CBAM sobre el comercio de la Unión Europea es reducido —apenas 0,1% adicional sobre el valor de las importaciones del bloque en promedio—, pero que ese efecto se concentra de forma desproporcionada en el acero y el aluminio, justamente los rubros que motivan el reclamo del embajador estadounidense y que explican, según el propio informe, la sensibilidad política del mecanismo.

La otra cara: los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio

La comparación de Puzder tiene un correlato directo del lado estadounidense. Estados Unidos mantiene aranceles del 50% sobre el acero y el aluminio importados, impuestos al amparo de la Sección 232 por motivos de seguridad nacional, además de gravámenes equivalentes sobre productos derivados de esos metales para evitar que ingresen por vías indirectas. Bruselas cuestionó durante años ese esquema por considerarlo una barrera encubierta más que una medida de seguridad genuina, el mismo cuestionamiento que ahora Washington devuelve sobre el CBAM. El intercambio expone una dinámica simétrica: cada bloque describe su propio instrumento como una herramienta legítima de política pública —climática en el caso europeo, de seguridad nacional en el estadounidense— mientras cuestiona al del otro como proteccionismo disfrazado.

El marco de Turnberry, telón de fondo de la disputa

La controversia se da en el contexto del marco comercial acordado entre Washington y Bruselas conocido como Turnberry, que ya estableció un techo del 15% para la tarifa combinada —arancel de nación más favorecida más Sección 232— sobre buena parte de las exportaciones europeas a Estados Unidos, incluidos los automóviles. Ese mismo marco contempla que ambas partes evalúen tasas preferenciales para el acero, el aluminio y otros productos mediante un sistema de cuotas, una negociación que continúa abierta y que probablemente determine si la disputa sobre el CBAM se traslada a una mesa de discusión conjunta o si cada bloque sigue ajustando sus propios instrumentos por separado.

Una fricción que promete continuar

Ninguno de los dos mecanismos está cerrado. El CBAM europeo todavía debe definir si su expansión a productos siderúrgicos y de aluminio más elaborados entra en vigor en 2028, mientras que el esquema arancelario estadounidense sigue sujeto a los términos que terminen de negociarse dentro del marco de Turnberry. El planteo del embajador Puzder no cambia, por sí solo, ninguna de las dos políticas, pero deja planteado un frente adicional en una relación comercial que ya venía discutiendo aranceles automotores, cuotas de acero y aluminio, y ahora también la frontera cada vez más difusa entre política climática y protección industrial.

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