Elon Musk volvió a poner fecha a uno de los proyectos más ambiciosos de SpaceX: llevar infraestructura de cómputo para inteligencia artificial al espacio. Según el cronograma que el propio CEO difundió en una publicación en su red social X, los primeros satélites preparados para ejecutar cargas de trabajo de IA, equipados con chips de Nvidia, comenzarán a lanzarse en el cuarto trimestre de 2027. La compañía proyecta que la constelación alcance una escala significativa recién en 2028.
El anuncio confirma —y en cierto modo acelera— un plan que había atravesado sucesivos ajustes de fecha. En el tramo previo a su salida a bolsa, SpaceX había señalado que sus centros de datos orbitales podrían comenzar a operar tan pronto como en 2028. Luego, durante la presentación del primer balance de resultados de la compañía como empresa cotizante, Musk había adelantado ese horizonte al calificarlo simplemente como “el año próximo”.
Cómputo directamente en órbita
La propuesta se aparta del esquema tradicional de un centro de datos terrestre, con grandes instalaciones físicas cargadas de servidores. SpaceX plantea, en cambio, convertir a sus propios satélites en unidades de procesamiento capaces de correr modelos de inteligencia artificial directamente en el espacio. Musk describió el diseño como sustancialmente más simple, más económico, más denso y más liviano que un rack de servidores convencional.
La lógica de negocio detrás de la iniciativa apunta a dos cuellos de botella que hoy enfrenta la industria de la IA en tierra: el consumo eléctrico y la capacidad de refrigeración. Al operar en órbita, los satélites de cómputo podrían aprovechar la energía solar de manera continua y sin las restricciones de red que limitan a los data centers terrestres, además de despejar presión sobre el suministro eléctrico de las regiones donde hoy se concentran esas instalaciones.
El proyecto ya avanzó más allá de la etapa conceptual. SpaceX presentó ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) una solicitud de autorización para desplegar una constelación de hasta un millón de satélites destinados específicamente a tareas de cómputo de inteligencia artificial, un volumen muy superior al de su red actual de conectividad.
Una pieza central en la narrativa de la compañía
Los centros de datos espaciales dejaron de ser, para SpaceX, un experimento tecnológico aislado: se transformaron en uno de los pilares de la historia de crecimiento futuro que la compañía presentó a los inversores. El proyecto fue, de hecho, uno de los argumentos centrales que acompañaron su histórica salida a bolsa en junio de este año.
Nvidia, proveedor exclusivo
A principios de este mes, SpaceX había confirmado que utilizará exclusivamente tecnología de Nvidia para la infraestructura de inteligencia artificial que planea desplegar en el espacio. La decisión pone fin a una etapa de evaluación en la que la compañía había considerado distintos diseños basados en otros tipos de chips, antes de inclinarse por los sistemas de Nvidia.
El vínculo entre ambas compañías se profundiza además en otro frente: Nvidia informó que SpaceX utilizará su unidad central de procesamiento Vera para acelerar los cálculos que impulsan a Grok y a la próxima generación de agentes de inteligencia artificial de la compañía. El dato se conoce días antes de que Nvidia presente, este miércoles, sus resultados trimestrales.
La estrategia de SpaceX se enmarca en un movimiento más amplio de la industria hacia la computación orbital, en un contexto en el que la demanda de energía de la inteligencia artificial crece a un ritmo que empieza a tensionar las redes eléctricas y los sistemas de refrigeración de los centros de datos terrestres en distintas regiones del mundo. Si la compañía logra sostener el cronograma anunciado, los centros de datos espaciales podrían convertirse, hacia el final de la década, en una pieza de infraestructura tan relevante para SpaceX como su negocio satelital de conectividad.

