El Arancel Externo Común del Mercosur

Una revisión de la normativa vigente muestra que el bloque actualiza su nomenclatura y sus alícuotas de forma constante, pero las listas de excepciones nacionales permiten que un mismo producto pague tarifas distintas según por dónde ingrese al Mercosur.
AEC Mercosur
AEC Mercosur

Tres décadas después, el objetivo del AEC sigue sin cumplirse de manera plena. Una revisión de la normativa vigente confirma que el bloque aplica el AEC como regla general, pero que los cuatro socios —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— conservan numerosas excepciones nacionales, mecanismos especiales y reducciones temporales que permiten tratamientos arancelarios distintos para un mismo producto según el país de ingreso.

Avances graduales, pero reales

Sería incorrecto sostener que el AEC está paralizado. El bloque continúa modificando su nomenclatura, actualizando alícuotas y aprobando cambios arancelarios de manera regular. La Decisión CMC 8/2022 constituye hoy una de las bases normativas del AEC y fue actualizada en reiteradas ocasiones, la más reciente en marzo de este año. Durante 2025 y 2026 el bloque aprobó, además, sucesivas modificaciones de la Nomenclatura Común del Mercosur: en mayo mediante la Resolución 4/2026 y en junio mediante la Resolución 16/2026, esta última aún sin incorporar por ninguno de los cuatro Estados Parte al momento de la consulta oficial.

Excepciones autorizadas, no necesariamente trabas

El punto más sensible del sistema son las listas nacionales de excepciones. El régimen vigente permite que cada país mantenga un número determinado de posiciones arancelarias fuera del AEC: hasta 100 códigos NCM para Argentina y Brasil, 225 para Uruguay y 649 para Paraguay, cada una con plazos de vigencia distintos.

Que Paraguay concentre la lista más amplia no equivale automáticamente a que sea el socio que más traba la integración: esas excepciones fueron negociadas y autorizadas colectivamente por el propio bloque, en reconocimiento de que los cuatro países tienen estructuras productivas muy distintas y no todos pueden sostener el mismo nivel de protección para los mismos productos. La pregunta relevante no es cuántas excepciones tiene autorizadas cada país, sino con qué frecuencia las utiliza, cuánto las modifica y si responden a necesidades estructurales o a decisiones coyunturales.

Brasil, el socio con mayor tensión entre lo común y lo propio

Si la pregunta es qué país exhibe hoy la mayor fricción entre el AEC y su política comercial nacional, Brasil concentra la atención. El Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios reconoce expresamente que el país adopta el AEC como regla general, pero mantiene tarifas diferenciadas en varios frentes: productos con aranceles consolidados ante la OMC por debajo del AEC, juguetes, el sector automotor y regímenes especiales para autopartes no producidas localmente. En junio, el Gobierno brasileño publicó nuevas resoluciones que modificaron su lista de excepciones al AEC y alteraron alícuotas vinculadas a bienes de capital, informática, telecomunicaciones y productos automotores.

La tensión es estructural: Brasil necesita el AEC para sostener la integración regional, pero al mismo tiempo busca preservar instrumentos propios para proteger o abaratar sectores clave de su economía. Al tratarse de la mayor economía del bloque, cualquier modificación arancelaria que introduce tiene un impacto potencial sobre el mercado regional muy superior al de cualquier otro socio.

Argentina: más apertura sin salir del sistema común

El Gobierno de Javier Milei impulsó en los últimos años una política comercial orientada a reducir costos de importación y ganar apertura, pero eso no implicó un apartamiento del sistema del AEC. Argentina incorporó en 2026 las modificaciones recientes de la normativa común: la Decisión CMC 1/2025, que reformuló el régimen de listas nacionales de excepciones, fue internalizada mediante el Decreto 311/2026, al igual que en Brasil y Uruguay, mientras que Paraguay aún no la había incorporado al registro oficial consultado. El dato desmiente la lectura de que Argentina esté simplemente desentendiéndose de la política común: incorpora las decisiones del bloque al tiempo que conserva instrumentos nacionales de política comercial.

Uruguay: la búsqueda de más flexibilidad

Uruguay ha sido, históricamente, uno de los socios que más reclama flexibilidad comercial dentro del Mercosur. Su problema es estructural: se trata de una economía pequeña dentro de un bloque dominado por Brasil y Argentina, que necesita acceso a mercados y a bienes importados a precios competitivos. Un AEC elevado puede encarecer maquinaria e insumos sin producción regional suficiente, lo que explica que Montevideo haya defendido en distintos momentos mayor libertad para negociar con terceros países. Aun así, la normativa muestra que Uruguay continúa incorporando las decisiones comunes: la Decisión 1/2025 fue internalizada mediante el Decreto 211/025, junto con otras modificaciones recientes del AEC.

Paraguay: la excepción más amplia, por necesidad estructural

Paraguay presenta una situación particular como economía mediterránea, fuertemente dependiente de las importaciones, el comercio fronterizo y los costos logísticos regionales. Un arancel elevado sobre maquinaria, insumos o determinados bienes afecta de manera directa la competitividad de sus empresas, lo que llevó al bloque a reconocerle la lista de excepciones más amplia de los cuatro socios: hasta 649 códigos NCM, frente a los 100 de Argentina y Brasil y los 225 de Uruguay.

NOTICIAS RELACIONADAS

No te pierdas