En un mercado de crédito privado sacudido por rescates masivos, exposiciones cuestionables y el escándalo de First Brands, Mike Walker apuesta por lo contrario al pánico: una firma especializada que opere en los márgenes que los grandes fondos no atienden y los bancos ya no pueden cubrir.
Price Ridge Capital, con sede en Florida y lanzada oficialmente en mayo de 2026, origina y gestiona programas de financiamiento de cuentas por cobrar y cuentas por pagar. Su mercado objetivo son empresas con ingresos superiores a los 20 millones de dólares que buscan optimizar su capital de trabajo, y opera principalmente como articulador entre fondos de private equity y los activos de sus empresas en cartera.
Walker, que durante más de seis años fue director de tecnología en Raistone y también lideró tecnología y operaciones en LiquidX, describe la propuesta de valor de su nueva firma con una sola metáfora: «Somos la junta entre el private equity y el crédito privado.» El modelo permite que un grupo de fondos respalde un mismo negocio presentando una sola cara a la empresa que recibe el financiamiento. Según Walker, eso protege al corporativo de la dependencia de un único proveedor: si un fondo se retira, el programa no colapsa.
La firma ya cerró dos operaciones desde su lanzamiento y está en proceso de incorporar operating partners de private equity. Su foco declarado son los fondos de crédito privado de mercado medio que enfrentan dificultades para originar o administrar programas de cuentas por cobrar o de financiamiento de cadena de suministro.
Walker reconoce que el contexto no es el más favorable para el sector: numerosos fondos se vieron forzados a limitar rescates ante una oleada de solicitudes de salida, impulsadas por preocupaciones sobre exposición sectorial, tasas de default al alza y episodios como el fraude de First Brands. Pero matiza el diagnóstico: esa turbulencia, dice, «se limita a ciertos tipos de crédito, como el de software», y el grueso del mercado de crédito privado sigue activo, levantando capital y desplegándolo a escala.
Lejos de ver el escándalo de First Brands como una señal de alarma estructural, Walker rescata lo que funcionó: el seguro de crédito comercial cumplió su rol, y los equipos de gestión de riesgo que supieron esquivar la exposición rara vez reciben reconocimiento público. «Con cada crisis surge más sofisticación», afirma. «La infraestructura subyacente de crédito privado es sólida.»

