La digitalización de los puertos latinoamericanos y caribeños muestra avances sostenidos, pero de una manera muy despareja entre países. Así lo plantea un Boletín FAL publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que releva el estado actual de los Port Community Systems (PCS) en la región y los obstáculos que traba su despliegue generalizado.
Estas plataformas se definen, según los criterios adoptados por la Asociación Internacional de Sistemas Comunitarios Portuarios (IPCSA) y retomados por el documento de la CEPAL, como entornos digitales neutrales y abiertos que permiten a actores públicos y privados intercambiar información de manera segura, ágil y coordinada. En la práctica, funcionan como el sistema nervioso digital de un puerto: conectan a terminales, aduanas, transportistas, agentes marítimos y autoridades en una misma capa de datos.
Solo cinco puertos con sistemas consolidados
De acuerdo con el relevamiento, apenas un grupo reducido de terminales de la región ya opera con un PCS totalmente implementado: Valparaíso, en Chile; Buenos Aires, en Argentina; Kingston, en Jamaica; Bridgetown, en Barbados; y Nassau, en Bahamas. El resto de los países transita distintas etapas de desarrollo, desde proyectos piloto hasta fases de diseño normativo.
Chile profundiza el modelo iniciado en Valparaíso y desde 2023 lo extiende a San Antonio, mientras el resto de sus puertos permanecen en desarrollo. Brasil avanza en paralelo con Santos, Río de Janeiro, Suape y Paranaguá, con el objetivo declarado de escalar el sistema a todo el territorio nacional una vez consolidada esa primera etapa. Perú despliega su plataforma en el Callao y México hace lo propio en Manzanillo, en tanto Suriname trabaja sobre Paramaribo. Belice, Trinidad y Tobago y Santa Lucía, en cambio, todavía se encuentran en instancias de diseño o planificación preliminar.
El patrón que describe la CEPAL coincide con una tendencia observada a nivel global: numerosos países optan por desarrollar primero un PCS en un puerto estratégico, para luego replicar y adaptar ese modelo al resto de su sistema portuario nacional.
Gobernanza, regulación y brechas tecnológicas
Más allá de las diferencias de estado de avance, el informe identifica un conjunto común de obstáculos que atraviesan a la región. Entre ellos, un nivel todavía bajo de digitalización de procesos portuarios, la falta de interoperabilidad entre sistemas nacionales y locales, marcos regulatorios incompletos, resistencias institucionales a compartir datos entre organismos y disparidades tecnológicas entre empresas de un mismo puerto.
A esto se agregan limitaciones de infraestructura digital, diferencias tecnológicas entre terminales de una misma jurisdicción y una escasa estandarización en los flujos de información, lo que dificulta que los sistemas dialoguen entre sí incluso dentro de un mismo país.
El boletín subraya que montar un PCS no es solo un desafío tecnológico, sino sobre todo institucional. En esa línea, retoma la hoja de ruta de doce pasos propuesta por IPCSA, que incluye coordinar a los distintos actores de la comunidad portuaria, definir un esquema de gobernanza y financiamiento sostenible en el tiempo, integrar al sistema con las aduanas y construir un marco jurídico que respalde el intercambio de datos.
Cuatro décadas de evolución, con América Latina como incorporación tardía
El documento traza además una periodización de la evolución internacional de los PCS en cuatro etapas. La primera arrancó en la década de 1980 en puertos europeos y asiáticos pioneros, como Hamburgo, Le Havre, Felixstowe y Singapur. Entre 2001 y 2011, la adopción de estándares internacionales impulsados por la Organización Marítima Internacional (OMI), la Organización Mundial de Aduanas (OMA) y la ISO marcó una segunda fase de expansión más ordenada.
América Latina se sumó recién en la tercera etapa, entre 2012 y 2017, con Valparaíso y Kingston como primeras experiencias regionales. Desde 2018 se abrió una cuarta fase, definida por la incorporación de tecnologías emergentes —inteligencia artificial, Internet de las Cosas, blockchain y gemelos digitales— que empiezan a integrarse, aunque todavía de forma incipiente, a los PCS de la región.

