La revisión del T-MEC frena las inversiones automotrices en México

Con el tratado vigente hasta 2036 pero sujeto a revisiones anuales, la producción y las exportaciones de vehículos se mantienen estables, las autopartes crecen.
Revisión TMEC
Revisión TMEC

La industria automotriz mexicana atraviesa una etapa paradójica. Las líneas de producción siguen funcionando, los embarques hacia Estados Unidos y Canadá no se interrumpieron y la fabricación de autopartes crece a ritmo sostenido. Sin embargo, las decisiones de inversión que hasta hace pocos años se anunciaban con frecuencia quedaron en pausa a la espera de que se despeje el horizonte del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El punto de inflexión llegó el 1° de julio, cuando se cumplió la revisión conjunta prevista en el acuerdo. Washington rechazó extender automáticamente el tratado por otros 16 años y activó el mecanismo de revisiones anuales del artículo 34.7. El T-MEC sigue plenamente vigente hasta 2036, pero cada año volverá a estar sobre la mesa, un esquema que la Secretaría de Economía calificó como inédito y que obliga a fijar reglas claras para preservar la confianza de los inversores.

Una agenda acotada pero sensible

Las negociaciones formales se retomaron el 20 de julio con una agenda más estrecha: Estados Unidos redujo de 54 a 14 los temas abiertos, mientras México llevó 13 propuestas propias. Entre las prioridades mexicanas figuran la eliminación de los aranceles de la Sección 232 sobre acero, aluminio y automóviles, la preservación de las actuales reglas de origen y una mayor integración productiva regional para reemplazar importaciones asiáticas.

Las reglas de origen son el núcleo del debate automotriz. Hoy un vehículo debe tener 75% de valor de contenido regional y entre 40% y 45% de su valor producido con mano de obra de salarios altos, de al menos US$16 por hora. Los negociadores estadounidenses reclaman endurecer ese componente laboral, y el acero y el aluminio concentran fuertes diferencias entre ambos países.

Los análisis sectoriales manejan tres escenarios. El primero prioriza el contenido estadounidense, con mayores mínimos de producción en EE.UU., restricciones explícitas a componentes chinos e incentivos para relocalizar plantas, lo que implicaría riesgo de desplazamiento de inversiones para México. El segundo apuesta por una cadena norteamericana integrada que mantenga el umbral de 75% y use el nearshoring para sustituir importaciones de Asia. El tercero propone reglas de origen de nueva generación, que incorporen baterías de vehículos eléctricos, semiconductores, trazabilidad digital, certificación de minerales críticos y software en el cálculo del origen.

Producción estable, autopartes en alza

Los números muestran una industria que resiste. En agosto se produjeron 344.940 vehículos ligeros, 1,4% menos que un año antes, mientras las exportaciones subieron 1,3% hasta 300.475 unidades. En el acumulado de enero a agosto, la producción sumó 2,65 millones de unidades y las exportaciones 2,25 millones, prácticamente en línea con 2025. Estados Unidos absorbe tres de cada cuatro vehículos exportados y Canadá, uno de cada ocho. Los camiones ligeros representan casi el 80% de la producción.

El segmento de autopartes muestra mayor dinamismo. En el primer semestre, la producción alcanzó 63.800 millones de dólares, con un alza interanual de 9,1%, encabezada por partes eléctricas, transmisiones y textiles. Coahuila, Guanajuato y Nuevo León concentran más del 40% del total, y el 86% de las exportaciones del rubro tiene como destino Estados Unidos. A esto se suma que, desde enero, México elevó al 50% los aranceles a vehículos importados de países sin acuerdo comercial, una medida pensada para resguardar el empleo local frente a la competencia asiática.

El cuello de botella esta en los proveedores

La nueva etapa del T-MEC anticipa un control más estricto del origen de partes y componentes y un mayor escrutinio en materia de calidad. En ese contexto, uno de los desafíos más persistentes de la cadena automotriz vuelve al centro: la escasez de proveedores capaces de cumplir los parámetros que exigen las armadoras.

El recorrido para una pyme empieza por un cliente y un componente concretos: conocer las certificaciones, los estándares de calidad y los plazos de entrega exigidos, y contrastarlos con sus capacidades actuales. Esa brecha define dónde invertir y qué talento formar. El financiamiento, las herramientas de gestión y la tecnología ayudan, pero solo si se traducen en resultados verificables: entregas consistentes, control de calidad y capacidad de reacción ante cambios en la programación de una planta.

Reglas claras de colaboración

La colaboración tiene límites precisos. Un proveedor que atiende a varias armadoras acumula aprendizaje en cada proyecto, pero las soluciones desarrolladas en conjunto con un cliente quedan sujetas a confidencialidad. Las capacidades técnicas generales pueden ofrecerse a distintos fabricantes; las formulaciones o diseños específicos de una marca, no. Ese equilibrio entre intercambio y resguardo se vuelve condición para sostener relaciones de largo plazo. La base instalada y la integración con Norteamérica le dan a México una posición difícil de reemplazar. Que esa ventaja se convierta en un nuevo ciclo de crecimiento dependerá, en buena medida, de cuántos proveedores estén preparados cuando las inversiones vuelvan a ponerse en marcha.

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