La congestión en los puertos de contenedores dejó de ser una anomalía estacional y se consolidó como una tendencia estructural que ya se extiende más allá de Asia. Los datos más recientes de la consultora Drewry muestran un deterioro simultáneo en dos indicadores clave: los tiempos promedio de espera de los buques a nivel global están en alza, mientras que la confiabilidad de los itinerarios de los portacontenedores continúa cayendo. El fenómeno golpea por igual a las líneas navieras y a los dueños de la carga, y tiene componentes que exceden ampliamente las disrupciones puntuales asociadas a fenómenos climáticos.
En los primeros siete meses de este año, el promedio global de espera de los buques prácticamente se duplicó respecto del mismo período de 2019.
El deterioro no se limita al tiempo de espera. Tanto la demora para atracar como la duración total de las recaladas vienen en aumento desde 2019, y una porción cada vez mayor del tiempo que un buque pasa en puerto se destina a esperar turno antes que a operar efectivamente en la terminal. Esa espera explica buena parte del incremento de 31% registrado entre 2019 y 2026 en el tiempo promedio que un portacontenedores permanece en puerto, un indicador que Drewry interpreta como una señal de menor productividad portuaria a escala global.
Capacidad insuficiente o mala utilización de los activos
El máximo ejecutivo de Maersk, Vincent Clerc, planteó a mediados de agosto que la capacidad portuaria para contenedores resulta insuficiente en varias regiones, entre ellas Europa, la costa este de Sudamérica, África Occidental y Medio Oriente, en un contexto de fuerte crecimiento de las exportaciones de contenedores desde Asia. Según su lectura, ese crecimiento y los desequilibrios comerciales cada vez más marcados se están dando después de aproximadamente 15 años en los que la inversión en capacidad de terminales quedó rezagada, en referencia al período posterior a la crisis financiera de 2008.
Drewry, sin embargo, matiza esa explicación. Su relevamiento sobre nueve grandes puertos de contenedores muestra que los operadores de terminales expandieron su capacidad 21% en promedio entre 2019 y 2026, frente a un crecimiento de 28% en los volúmenes movilizados en ese mismo lapso. Para la consultora, no existe una tendencia mundial homogénea de subinversión en capacidad portuaria, sino un mayor énfasis en maximizar la utilización de los activos existentes, lo que a su vez eleva el riesgo de congestión cuando se producen picos de demanda.
A esa lógica de optimización se suman las propias estrategias comerciales de las líneas navieras. Las cancelaciones de itinerarios, las recaladas adicionales y el refuerzo puntual de la flota, medidas orientadas a maximizar los retornos de cada ruta, pueden generar fuertes concentraciones de carga en determinados puertos y agravar la saturación de los patios y los tiempos de espera, según describe Drewry.
El impacto ya se nota en las tarifas spot
Las disrupciones portuarias comenzaron a trasladarse a los mercados de fletes spot. De acuerdo con datos de Freightos, las tarifas desde Asia hacia la costa oeste de Estados Unidos rondaban los 7.500 dólares por FEU, cerca de volver a tocar el máximo de 7.600 dólares alcanzado a comienzos de julio y casi 5.000 dólares por FEU por encima de los niveles previos al inicio de la temporada alta, a fines de mayo.
Hacia la costa este estadounidense, las tarifas habían llegado a unos 9.000 dólares por FEU y sumaron otros 800 dólares adicionales durante agosto. Freightos atribuye ese comportamiento tanto a la resiliencia de la demanda como a las reducciones de capacidad y a las restricciones derivadas de la congestión en los principales hubs portuarios de China.
En la ruta entre Asia y Europa, las tarifas también se mantienen elevadas. Tras subir entre 3.000 y 3.500 dólares por FEU desde fines de mayo hasta comienzos de julio, llegaron a superar los 7.000 dólares por FEU hacia el Mediterráneo y los 5.800 dólares por FEU hacia el norte de Europa. Si bien luego retrocedieron, ambos valores se mantienen 15% y 60% por encima, respectivamente, de los niveles previos al arranque de la temporada alta.
Para Drewry, el escenario apunta a un riesgo creciente de congestión, aun cuando los operadores continúen invirtiendo en capacidad adicional. La consultora resume el diagnóstico señalando que el ecosistema del transporte marítimo de contenedores está diseñado, en su configuración actual, para optimizar costos antes que para garantizar resiliencia operativa.

