Santiago Peña presentó este jueves 5 de noviembre su renuncia a la Presidencia de Paraguay, horas antes de que la Cámara de Diputados avanzara con un juicio político en su contra y después de que el propio Partido Colorado le retirara el respaldo. El detonante fue la caída de Ueno Bank, la sexta entidad del sistema y la de mayor cantidad de clientes del país, de cuyo holding el mandatario fue accionista hasta marzo de 2025. El Congreso deberá aceptar formalmente la dimisión en sesión bicameral y, según el orden constitucional, el vicepresidente Pedro Alliana asumirá el Poder Ejecutivo para completar el mandato hasta agosto de 2028.
Más allá del terremoto institucional, el episodio abre una pregunta central para la economía paraguaya: cuánto puede afectar una crisis bancaria y política de esta magnitud a un modelo de crecimiento que descansa, en buena medida, sobre su inserción comercial externa.
El frente cambiario: el guaraní, la moneda que más cayó en el mundo
El primer canal de transmisión fue el tipo de cambio. El dólar pasó de 5.661 guaraníes el 28 de octubre a 6.160 una semana después, una suba de 8,8%, y en la jornada de la renuncia llegó a rozar los 6.500 guaraníes en el mercado local. Con ese movimiento, el guaraní se convirtió en la divisa de peor desempeño global frente al dólar. En paralelo, el riesgo país saltó de 119 a 138 puntos básicos en seis ruedas y escaló hasta los 146 puntos tras el anuncio presidencial.
Para el comercio exterior, el efecto es de doble filo. Una moneda más débil mejora la competitividad de los exportadores, que durante meses habían cuestionado la fortaleza del guaraní como un factor que erosionaba sus márgenes, en particular en la carne bovina, un sector tomador de precios que exporta cerca de dos tercios de lo que produce. Del otro lado, encarece las compras externas en un país que depende de China para una porción considerable de los bienes que ingresan a su mercado. Analistas locales señalan además que la presión sobre el dólar coincidió con la demanda estacional de divisas de los importadores, que en esta época del año se abastecen para la temporada de fin de año.
La cadena de pagos, en semiparálisis
El segundo impacto golpeó directamente al comercio. El Banco Central del Paraguay (BCP) dispuso el 2 de noviembre la resolución de Ueno Bank, tras constatar que su índice de solvencia había caído por debajo del mínimo legal, y al día siguiente dejaron de funcionar las tarjetas, los cajeros y la aplicación de la entidad, que tenía más de 2,9 millones de clientes. La Asociación de Importadores y Comerciantes del Paraguay (Asimcopar) advirtió que dos de cada tres transacciones electrónicas en las multitiendas se canalizaban a través de cuentas de Ueno, y reportó caídas de ventas superiores al 35% en los primeros dos días. La Unión Industrial Paraguaya (UIP) se sumó a la preocupación por la interrupción de los flujos transaccionales entre comercios y proveedores.
Un comercio exterior que llegaba en su mejor momento
La crisis estalla en un año excepcional para el intercambio paraguayo. Según el último reporte del BCP, las exportaciones crecieron 25,7% interanual entre enero y septiembre y alcanzaron 15.973 millones de dólares, mientras que las importaciones sumaron 15.261 millones de dólares, con un alza de 15%. El resultado fue un superávit de 712 millones de dólares, frente al déficit registrado en el mismo período de 2025.
El motor fue, una vez más, el complejo sojero, apalancado en una cosecha histórica: en el primer semestre se embarcaron casi 5,9 millones de toneladas de soja en grano, frente a 4,1 millones un año antes. A eso se sumó el avance de la industria maquiladora y de las manufacturas, con autopartes y alcohol etílico entre los rubros más dinámicos. En la vereda opuesta, la carne bovina y la energía eléctrica restaron, esta última por un mayor consumo interno. En términos de socios, Argentina se ubicó como principal destino de las ventas en el primer semestre, impulsada por la soja en grano, y Brasil se consolidó como comprador de energía, soja y autopartes.
Ese flujo físico de mercancías no se detiene por una renuncia presidencial. La amenaza está en el financiamiento: prefinanciación de exportaciones, cartas de crédito y capital de trabajo dependen de la confianza en el sistema bancario y del costo del dinero, dos variables que la crisis acaba de deteriorar.
El grado de inversión, bajo la lupa
El tercer frente es la reputación financiera construida en los últimos años. Paraguay obtuvo el grado de inversión de Moody’s en julio de 2024, sumó una segunda calificación de ese nivel en 2025 y la agencia ratificó la nota Baa3 con perspectiva estable en julio pasado, aunque advirtiendo que esperaba avances en institucionalidad, lucha contra la corrupción y Estado de derecho. Precisamente esos son los flancos que expone el caso Ueno, en el que el titular del BCP había presidido el banco antes de asumir la conducción del organismo que debía supervisarlo.
Los bonos del país ingresaron este año al índice de deuda en moneda local de mercados emergentes de JPMorgan, el mismo banco que hace un mes destacaba las oportunidades del país y que ahora advierte sobre el impacto de la crisis en esos títulos. Un encarecimiento sostenido del financiamiento soberano se trasladaría a las empresas y a los grandes proyectos industriales orientados a la exportación, cuyo atractivo se apoyaba justamente en la estabilidad macroeconómica paraguaya.
Para los operadores de comercio exterior, las señales a seguir en las próximas semanas son concretas: la velocidad con que el BCP, ahora bajo nueva conducción, normalice la devolución de depósitos y la cadena de pagos; la capacidad de la autoridad monetaria para contener la volatilidad cambiaria; y la lectura que hagan las calificadoras sobre la solidez institucional del país. De esas respuestas dependerá si la crisis queda como un sacudón transitorio o si termina erosionando la competitividad de uno de los socios más dinámicos del Mercosur.


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