El Triángulo del Litio —la franja andina que comparten Argentina, Bolivia y Chile— concentra más del 60% de los recursos mundiales del metal, pero la capacidad de traducir esa riqueza geológica en producción y exportaciones sigue siendo muy desigual entre los tres países. Los datos del Mineral Commodity Summaries publicado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ofrecen el balance definitivo del año 2025: Chile produjo 56.000 toneladas de litio elemental, Argentina 23.000 y Bolivia no alcanza siquiera a figurar en el cuadro de productores significativos.
La brecha entre Chile y Argentina se amplió en términos absolutos respecto a años anteriores, pero el contraste más llamativo sigue siendo el de Bolivia. Con 23 millones de toneladas de recursos—las mayores reservas del mundo, según el propio USGS—, el país altiplánico produce a través de su empresa estatal YLB apenas 3.500 toneladas anuales, operando bien por debajo de su capacidad instalada declarada de 15.000 toneladas. Esa cifra representa menos del 1% de la oferta global y contrasta con los compromisos de inversión en tecnología de extracción directa de litio (DLE) pactados con consorcios chinos y rusos, cuyos contratos hoy están bajo revisión por el nuevo gobierno del presidente Rodrigo Paz.
Para leer los datos con precisión, vale una aclaración metodológica. El USGS reporta en toneladas de contenido de litio elemental, mientras la mayoría de las fuentes sectoriales utilizan el equivalente en carbonato de litio (LCE, por sus siglas en inglés). Un factor de conversión de aproximadamente 5,3 permite reconciliar ambas unidades: las 56.000 toneladas chilenas equivalen a unos 230.000–233.000 toneladas LCE, cifra que coincide con lo reportado por la joint venture NovaAndino Litio —Codelco más SQM— para el año completo. Las 23.000 toneladas argentinas, por su parte, equivalen a alrededor de 120.000–130.000 toneladas LCE, en línea con las 130.800 toneladas LCE que consolida la Secretaría de Minería argentina en 2025.
El modelo chileno sufrió en 2025 una transformación institucional de fondo. En diciembre, Codelco y SQM formalizaron NovaAndino Litio SpA, una sociedad público-privada que concentrará la producción del Salar de Atacama hasta 2060. El Estado captura alrededor del 70% de los márgenes operativos en la fase 2025–2030, porcentaje que trepará al 85% a partir de 2031. El litio generó para Chile ingresos por exportación de aproximadamente 2.700 millones de dólares en 2024 —la cifra definitiva de 2025 aún no ha sido publicada oficialmente— y las proyecciones de Cochilco apuntan a 7.300 millones de dólares en 2030. Para 2026, NovaAndino apunta a una producción de unas 260.000 toneladas LCE.
Argentina, en cambio, opera bajo un modelo opuesto. El gobierno de Javier Milei eligió la desregulación y el capital privado como motores del sector. Entre 2024 y 2025 entraron en operación cuatro nuevas instalaciones —Tres Quebradas, Mariana, Sal de Oro y Centenario Ratones—, que elevaron la capacidad instalada a 183.700 toneladas LCE. El valor de las exportaciones argentinas de litio cerró 2025 en 905 millones de dólares, un crecimiento del 32% en valor y del 56% en volumen respecto a 2024, posicionando al litio como el segundo mineral más exportado del país. El proyecto Cauchari-Olaroz, operado por Lithium Argentina y Ganfeng, produjo 34.100 toneladas LCE en 2025, en el techo de su guidance, con costos operativos por debajo de los 6.000 dólares por tonelada. El RIGI, régimen de incentivos para grandes inversiones, aprobó además el primer proyecto minero bajo ese esquema: un emprendimiento de Rio Tinto en Salta por más de 2.500 millones de dólares.
El mercado global añadió su propia dinámica al cuadro regional. Según el USGS, la producción mundial de litio creció un 31% en 2025, hasta las 290.000 toneladas, en respuesta a la demanda de baterías y al aumento de capacidad instalada. La sobreoferta de corto plazo presionó los precios a la baja durante el primer semestre del año, pero el fuerte crecimiento de ventas de vehículos eléctricos en China y Europa, combinado con la mayor demanda de sistemas de almacenamiento de energía, impulsó una recuperación en el segundo semestre que llevó el spot a unos 10.300 dólares en noviembre.
La paradoja boliviana, en ese contexto, resulta cada vez más costosa. El país posee 23 millones de toneladas de recursos —segunda posición mundial, a la par de Argentina, según el USGS—, pero sus exportaciones de litio no superaron los 17 millones de dólares en 2025, una cifra que cualquiera de las provincias productoras argentinas supera con comodidad. La Constitución boliviana exige que el Estado retenga el 51% de cualquier proyecto minero, lo que limita el atractivo para socios privados dispuestos a aportar tecnología y capital en condiciones comerciales.
Chile avanza con certeza institucional y captura estatal creciente de renta. Argentina lidera el crecimiento de corto plazo con capital privado y una cartera de proyectos que, de concretarse, podría llevarla al segundo lugar mundial en producción. Bolivia sigue atrapada entre las mayores reservas del planeta y la incapacidad estructural de convertirlas en toneladas exportables.

