El repunte de la manufactura estadounidense responde al boom de inversión en IA

Los indicadores de actividad fabril tocan máximos de varios años y el verdadero motor es la construcción de centros de datos e infraestructura eléctrica para la inteligencia artificial.
Actividad manufacturera EEUU
Actividad manufacturera EEUU

En julio, el índice de actividad manufacturera que releva el Institute for Supply Management (ISM) registró su mayor salto para ese mes desde 1951, mientras los salarios del sector crecieron 4,2% interanual, por encima de la inflación. La encuesta de la Reserva Federal de Filadelfia mostró que la actividad general y los nuevos pedidos tocaron máximos de casi cinco años. La Casa Blanca tomó esos números como confirmación de que la ofensiva arancelaria del presidente Donald Trump finalmente está devolviendo empleos y fábricas a Estados Unidos, después de meses de datos débiles.

El índice ISM se mantuvo en zona de contracción durante 26 meses consecutivos hasta diciembre, y las manufactureras perdieron empleo en cada uno de los ocho meses posteriores al anuncio de los aranceles del ‘Día de la Liberación’. Un informe de la consultora IoT Analytics, publicado en mayo bajo el título de ‘Industrial Macro Pulse’, concluyó de manera directa que la ola de relocalización industrial que promete la Casa Blanca ‘no ha ocurrido’ cuando se la mide con datos macroeconómicos.

El verdadero motor: centros de datos

El repunte reciente en la producción fabril, que sorprendió al alza en diciembre por un salto en la fabricación de metales primarios, fue interpretado por buena parte de los economistas consultados como un efecto de adelantamiento de compras (front-loading): empresas nacionales y extranjeras habrían apurado pedidos de bienes fabricados en Estados Unidos ante la expectativa de nuevas subas de precios por los aranceles, sin que eso implique una relocalización genuina de operaciones. Un economista de Capital Economics sostuvo que, con todos los datos de 2025 ya disponibles, cualquier impulso arancelario a la manufactura fue producto de ese adelantamiento y por lo tanto resultó efímero, sin señales de reshoring real.

El impulso genuino, según distintas lecturas del sector financiero, proviene de otro lado: la construcción de infraestructura eléctrica y de centros de datos para sostener el boom de la inteligencia artificial. La agencia S&P Global Regulatory Research Associates proyecta una inversión agregada de unos 1,3 billones de dólares en las empresas eléctricas estadounidenses entre 2026 y 2030, un récord impulsado principalmente por la demanda de data centers; otra calificadora, Morningstar DBRS, estima un ciclo de inversión en infraestructura eléctrica de 1,4 billones de dólares para el mismo período, el doble que en la década anterior. A esto se suma el efecto de la reforma impositiva que hizo permanente la depreciación acelerada de bienes de capital, un incentivo fiscal que favorece las grandes inversiones en curso.

Semiconductores, la excepción que confirma la regla

Un dato ilustra la disociación entre el discurso oficial y la lógica del mercado: buena parte del hardware necesario para la inteligencia artificial, incluidos los semiconductores de alta gama, se importa y en gran medida quedó exceptuado de los aranceles. Es decir, el segmento industrial que más está creciendo es, a la vez, el que menos protección arancelaria recibió y el más dependiente de insumos extranjeros, en las antípodas de la narrativa de sustitución de importaciones que impulsa la Casa Blanca.

Un análisis del banco privado Wilmington Trust describe el fenómeno como un ‘experimento de relocalización’ que está generando un costo de corto plazo para el sector manufacturero tradicional, pero que podría traducirse en ganancias de largo plazo para la industria de inteligencia artificial. Sectores tradicionales como automotores, aeronáutica, maquinaria, metales, alimentos, caucho y papel seguirán resintiéndose por el peso de los aranceles, en particular porque el capital nuevo busca los retornos más altos de la inversión en IA en lugar de dirigirse a la oferta doméstica de otros bienes.

Acuerdos comerciales y una relocalización que llevará años

Hacia marzo, la administración Trump había firmado acuerdos comerciales bilaterales con nueve países y establecido marcos de negociación con otros nueve más la Unión Europea. Doce de esos socios comerciales incluyeron compromisos de inversión en Estados Unidos dentro de sus acuerdos o marcos, lo que en el papel apunta en la dirección de una relocalización industrial. Pero los propios análisis del sector financiero advierten que esas inversiones, sobre todo en producción de semiconductores, tardarán años en traducirse en capacidad instalada, y que en esta etapa temprana el grueso del crecimiento manufacturero sigue concentrado en pocos sectores ligados a la infraestructura digital.

El propio mercado laboral del sector expone la brecha entre discurso y estructura: se estima que unos 500.000 puestos de trabajo industriales permanecen sin cubrir, porque las fábricas modernas requieren habilidades digitales, de robótica y de inteligencia artificial que los sistemas de capacitación vigentes no logran proveer a escala.

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