El GNL se consolida como el eje de la expansión energética de América Latina

Un informe conjunto identifica a Vaca Muerta, los yacimientos offshore de Guyana y Surinam, y las reservas de Trinidad y Tobago como los motores que pueden redefinir el rol exportador de la región.
17/06/2026
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GNL expansión energética de América Latina
GNL expansión energética de América Latina

América Latina y el Caribe tienen por delante una de las mayores ventanas de expansión del gas natural licuado (GNL) a escala mundial. Así lo sostiene el informe Opportunities for the Development of Gas in Latin America and the Caribbean, elaborado conjuntamente por la Unión Internacional del Gas (IGU), la Asociación Regional de Empresas del Sector Petrolero (ARPEL) y la organización Gas y Energías Renovables en Latinoamérica y el Caribe (OLACDE). El diagnóstico combina tres elementos: recursos abundantes, proyectos de exportación en marcha y una demanda creciente de infraestructura que la transición energética está acelerando.

La región dispone de reservas convencionales y no convencionales de gran magnitud. Vaca Muerta en Argentina, el Presal brasileño, los bloques offshore de Guyana y Surinam, y las reservas de Trinidad y Tobago, Perú y Venezuela configuran un mapa gasífero de primer orden. El problema es que gran parte de ese potencial permanece subdesarrollado. Ahí radica, precisamente, la oportunidad.

Exportar, estabilizar, descarbonizar

El informe organiza las oportunidades del GNL en tres ejes. El primero es la monetización de reservas: convertir gas en el subsuelo en ingresos de exportación. El segundo es el respaldo a las energías renovables: a medida que crece la participación de la solar y la eólica en las matrices eléctricas regionales, la variabilidad de esas fuentes exige centrales térmicas capaces de responder rápido. El gas cumple ese rol de manera eficiente. El tercero es la descarbonización: el GNL permite reducir emisiones respecto de otros combustibles fósiles en sectores donde las alternativas renovables todavía no son viables.

Brasil y Colombia ya ilustran esa dinámica: las importaciones de GNL les permitieron sostener la estabilidad de sus sistemas eléctricos durante períodos de sequía prolongada, cuando la generación hidroeléctrica cayó y las renovables no alcanzaron para cubrir la demanda. La flexibilidad que aporta el gas resultó clave.

Argentina y el modelo FLNG

En materia exportadora, Argentina emerge como uno de los casos más relevantes del continente. El país apuesta al desarrollo de unidades flotantes de licuefacción (FLNG): instalaciones marítimas —buques o plataformas— que reciben gas natural, lo procesan y lo convierten en GNL directamente en el mar, para luego transferirlo a buques metaneros. La ventaja es que evitan la construcción de costosas redes de gasoductos y plantas terrestres antes de poder exportar.

Dos proyectos concentran la atención. El primero es Southern Energy FLNG, que prevé instalar dos unidades en el Golfo San Matías, Río Negro, para exportar gas proveniente de Vaca Muerta. El segundo es Argentina LNG, con una capacidad inicial de 12 millones de toneladas anuales y potencial de expansión a 18 millones. Ambos requerirán inversiones complementarias en ductos, plantas de tratamiento e infraestructura costera para cerrar la cadena entre la producción en el yacimiento y los terminales de exportación.

Guyana, Surinam y el resto del mapa

Guyana y Surinam también aparecen como candidatos naturales al modelo FLNG. Sus desarrollos offshore —el Haimara Cluster y el Bloque 52— podrían aportar hasta 12 millones de toneladas anuales de GNL durante la próxima década. El esquema flotante es especialmente adecuado para estos países: tienen demanda interna reducida, infraestructura portuaria y terrestre limitada, y yacimientos en alta mar que hacen inviable la construcción inmediata de grandes plantas en tierra.

Trinidad y Tobago, en tanto, busca aprovechar la infraestructura de licuefacción que ya tiene construida, a través de proyectos vinculados a reservas compartidas con Venezuela. Perú, por su parte, podría fortalecer su posición exportadora con el desarrollo del campo Candamo, en la cuenca Madre de Dios. La capacidad de licuefacción regional ya supera las 20 millones de toneladas anuales, con Trinidad y Tobago, Perú y México como los principales actores actuales.

El informe concluye que la expansión de terminales marítimas, plantas de licuefacción y unidades FLNG representa una oportunidad concreta para que América Latina y el Caribe fortalezcan sus exportaciones energéticas, atraigan inversión extranjera y amplíen su inserción en los mercados globales de gas natural.

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