Un nuevo estudio del Peterson Institute for International Economics (PIIE) cuantificó el impacto económico de las restricciones que el gobierno de Estados Unidos impuso desde 2025 al ingreso de estudiantes internacionales, y concluyó que el país podría perder entre 240.000 y 481.000 millones de dólares anuales en una década si la tendencia se sostiene. El trabajo, firmado por Michael Clemens, Jeremy Neufeld y Amy Nice, fue encargado por la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos.
Según los autores, Washington exigió a universidades públicas y privadas reducir la admisión de alumnos extranjeros como condición para recibir fondos federales, restringió la duración de las visas de estudiante y anunció que limitará el acceso de los graduados a permisos de trabajo y a la residencia permanente. El resultado ya es visible: en septiembre de 2025, la emisión de visas de estudiante (F-1) cayó un tercio respecto de los niveles habituales, la mayor contracción fuera del año de pandemia.
El estudio sostiene que ese recorte golpea directamente la principal vía de reclutamiento de talento científico y tecnológico con que cuenta Estados Unidos, ya que el sistema migratorio carece de mecanismos para captar trabajadores calificados directamente desde el exterior. En la práctica, la incorporación de talento STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) ocurre casi exclusivamente a través de las universidades: los extranjeros representan 30% de la fuerza laboral STEM de alta calificación y cerca de la mitad de quienes tienen un doctorado en esas disciplinas.
De cada 100 graduados extranjeros en carreras STEM, 64 ingresan al mercado laboral inmediatamente después de graduarse mediante el programa de práctica profesional optativa (OPT), que constituye el puente hacia la visa de trabajo H-1B. Ocho años después de graduarse, cerca de 38 de esos 100 estudiantes permanecen en el país, ya sea con residencia permanente o con estatus de trabajo prolongado. Cualquier freno en el ingreso de estudiantes reduce, en la misma proporción, el número de profesionales que terminan integrando esa fuerza laboral.
Los autores estiman que una caída sostenida de un tercio en el flujo anual de graduados STEM extranjeros reduciría la fuerza laboral de alta calificación en ese campo un 6,2% en términos generales y un 11,5% entre quienes tienen doctorado. Con base en la literatura económica sobre productividad, calculan que ese achicamiento restaría entre 0,08 y 0,16 punto porcentual al crecimiento anual de la productividad total de los factores, lo que en diez años dejaría un PBI entre 0,8% y 1,6% más chico que en un escenario sin restricciones.
El informe descarta que otros actores puedan compensar esa pérdida. Un antecedente de 2008, cuando Estados Unidos amplió los plazos del programa OPT y el número de graduados STEM extranjeros en el mercado laboral se sextuplicó, mostró que ese aumento no desplazó a otros trabajadores extranjeros de las visas H-1B ni a estudiantes locales de los programas universitarios. Para los autores, no hay motivos para esperar el proceso inverso: que una reducción de estudiantes extranjeros sea reemplazada por más egresados estadounidenses o por profesionales formados en otros países.
El estudio advierte además que el talento excluido de Estados Unidos no desaparece, sino que se reorienta hacia otros mercados: según cifras que citan los autores, de cada diez trabajadores STEM calificados que no logran instalarse en el país, seis permanecen en sus lugares de origen -como China o India- y cuatro emigran hacia terceros países, entre ellos Canadá y Alemania.
Los autores plantean que el Congreso estadounidense todavía está a tiempo de revertir la tendencia, mediante cuatro medidas concretas: garantizar que los estudiantes con visas F-1 y J-1 mantengan su estatus durante toda la duración de sus programas, incluida la etapa de empleo posterior a la graduación; dar respaldo legal más firme al programa OPT; reformar el sistema de asignación de visas H-1B para favorecer a los recién graduados; y ampliar la disponibilidad de residencias permanentes para profesionales STEM, hoy limitada por un cuello de botella que, según citan estudios previos, ya viene reduciendo la tasa de permanencia de los graduados extranjeros en el país.

