El oro nunca había sido tan caro y, al mismo tiempo, tan difícil de rastrear. En 2025, el precio internacional del metal superó los 5.000 dólares por onza, impulsado por la incertidumbre geopolítica, la acumulación de reservas por parte de bancos centrales y la búsqueda de activos refugio en un mundo de tensiones comerciales crecientes. Para Colombia y Perú, los dos grandes exportadores auríferos de América del Sur, este momento de bonanza viene acompañado de una paradoja incómoda: cuanto más sube el precio, más se expande la minería ilegal, y más complejo resulta garantizar que el oro que llega a las refinerías globales provenga de fuentes legítimas.
Para los compradores internacionales —refinerías, fondos de inversión, joyerías de alta gama— la coyuntura plantea un dilema que trasciende lo financiero. El oro en bruto para uso no monetario (posición arancelaria 71.08.12) es hoy uno de los activos más rentables del mercado, pero también uno de los más expuestos a riesgos reputacionales, legales y de cumplimiento normativo. Entender qué ocurre en origen es, en este contexto, una necesidad estratégica.
Colombia: el oro como tercer producto de exportación del país
En 2025, el DANE reportó exportaciones colombianas de oro por 4.604 millones de dólares, consolidando al metal como el tercer producto más vendido al exterior por el país. El crecimiento se explica exclusivamente por el precio.
Antioquia lidera la producción formal con más de 42 toneladas anuales, generando más del 40% de las exportaciones auríferas departamentales. El sector formal está liderado por tres compañías: Zijin-Continental Gold, que opera la mina de Buriticá; Aris Mining desde Segovia y Marmato; y Mineros S.A. en operaciones aluviales en el nordeste antioqueño.
Colombia ocupa en 2025 el puesto 17 en producción mundial de oro y el cuarto en América Latina. Para los compradores internacionales, el desafío está en la cadena interna: estimaciones oficiales reconocen que más del 80% del oro exportado proviene de fuentes no formalizadas, lo que obliga a un escrutinio reforzado más allá de los certificados de origen.
Perú: el mayor productor de América Latina ante un año récord
Perú es el mayor productor de oro de América Latina y uno de los más grandes del mundo. Durante 2025 exportó un total de 18.300 millones de dólares. Es un récord histórico impulsado por el precio internacional del metal, que superó los 5.000 dólares por onza durante el año.
Perú concentra el 44% del oro que sale de toda Sudamérica, según el IPE, consolidándose como el nodo más relevante del comercio aurífero regional.
Un dato relevante para los compradores internacionales es el cambio en los destinos de exportación. En 2025, casi la mitad del oro peruano se dirigió a India y los Emiratos Árabes Unidos, jurisdicciones con estándares de verificación de origen considerablemente más bajos que los mercados tradicionales de Suiza, Estados Unidos y Canadá. Esta reconfiguración geográfica complica la trazabilidad para los actores que operan bajo marcos regulatorios exigentes.
El marco regulatorio internacional —desde la Ley Dodd-Frank de Estados Unidos hasta las directivas europeas sobre minerales de conflicto— pone una responsabilidad creciente sobre los compradores, no solo sobre los vendedores. En un año donde el precio del oro sigue rompiendo récords y los volúmenes exportados desde los Andes alcanzan máximos históricos, la trazabilidad es una condición de acceso al mercado global, no solo un requisito de cumplimiento.

