Brexit a diez años: el precio de la salida y el silencio de las empresas

Una década después del referéndum que sacudió a Europa, el impacto acumula evidencia en su contra. Pero la cúpula empresarial británica, descarta reabrir el debate: los costos se reconocen, el camino de regreso, no.
25/06/2026
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Brexit 10 años
Brexit 10 años

El 23 de junio de 2016, el 52% del electorado británico votó a favor de abandonar la Unión Europea. Aquella noche, la libra esterlina se desplomó, el FTSE 100 cayó en picada y el primer ministro David Cameron anunció su renuncia. Lo que siguió fue una década de negociaciones, transiciones, incertidumbre política y un costo económico que los analistas coinciden en calificar como real, persistente y en gran parte subestimado.

El Brexit finalmente se materializó el 31 de enero de 2020, bajo el gobierno de Boris Johnson, tras el fracaso sucesivo de tres propuestas parlamentarias impulsadas por Theresa May. A partir de ese momento, el Reino Unido dejó de ser parte del mercado único y de la unión aduanera de la UE, redibujando las reglas de un vínculo comercial que mueve más de 800.000 millones de euros anuales.

El daño acumulado: entre el 4% y el 10% del PBI

Los datos de una década cuentan una historia que pocos se atreven a discutir. Según el Instituto Nacional de Investigación Económica y Social del Reino Unido (NIESR), combinando estimaciones macroeconómicas con datos a nivel de empresas, el impacto total sobre el PBI oscila entre un 4% y un 10% frente al escenario contrafáctico sin Brexit. El economista Nicholas Bloom, de la Universidad de Stanford, ubica esa cifra en torno al 6-8% para 2025, producto de la incertidumbre sostenida, la caída de la demanda y la desviación de recursos gerenciales hacia la gestión del proceso de salida.

En materia de comercio, los efectos son concretos. Las exportaciones de bienes del Reino Unido cayeron entre un 10% y un 15% respecto a la tendencia previa, en parte porque el país perdió relevancia dentro de las cadenas de valor europeas. Empresas como Bosch reportaron que su filial británica pasó de procesar 40 transacciones de importación anuales a más de 10.000 después del Brexit, un reflejo de la burocracia que hoy pesa sobre el intercambio con el continente.

La libra esterlina tampoco recuperó terreno: desde el referéndum, el tipo de cambio frente al euro promedió 1,16 —contra 1,27 en la década anterior—, con el 98% del tiempo de cotización por debajo de 1,20. El encarecimiento de las importaciones de alimentos, energía y materiales impactó directamente en el costo de vida de los hogares británicos.

En términos de crecimiento proyectado, las perspectivas tampoco son alentadoras: economistas calculan una expansión media de apenas 1,3% anual entre 2026 y 2030, reflejo de las barreras comerciales acumuladas y de una estructura productiva que no terminó de recomponerse.

Las empresas reconocen el costo, pero no quieren volver

En este contexto, la directora general de la Confederación de la Industria Británica (CBI), Rain Newton-Smith, ofreció una lectura que resume el estado de ánimo del mundo empresarial. «Las evidencias son convincentes e indiscutibles: el Brexit generó costos para las empresas», declaró al Financial Times. «Pero las empresas no quieren volver a litigar el referéndum. Ninguno de los líderes empresariales con los que hablo quiere reabrir ese debate».

Newton-Smith fue categórica al descartar el retorno a una unión aduanera con la UE. «Hace cinco años, las empresas habrían apoyado unirse a la unión aduanera. Pero la realidad es que el mundo cambió», afirmó. Señaló que el sector privado ha reorientado su mirada hacia los acuerdos comerciales con India y los estados del Golfo como nuevos ejes de expansión.

Sus declaraciones marcan una fractura visible con el ala izquierda del espectro político. Andy Burnham, favorito para suceder a Keir Starmer como líder laborista tras su renuncia esta semana, ha insinuado su intención de explorar el reingreso a la UE a largo plazo. Ed Davey, líder de los Liberal Demócratas, fue más explícito al pedir el regreso al mercado único y la unión aduanera.

El «reset» europeo: un alivio modesto

El gobierno de Starmer negoció durante 2025 un acuerdo de reencuadre de la relación bilateral con Bruselas, calificado oficialmente como el «reset» europeo. Sin embargo, las proyecciones oficiales son poco alentadoras: según estimaciones del Tesoro británico, el acuerdo elevaría el PBI en apenas 0,3% en un horizonte de 15 años. Una ganancia marginal frente al peso acumulado de la salida.

La cumbre prevista para el 11 de julio para formalizar el acuerdo quedó suspendida tras la inesperada renuncia de Starmer, que abre un nuevo ciclo de transición política. El Reino Unido suma así otro primer ministro saliente en una cadena que, desde Cameron, acumula seis líderes en una década —una sucesión sin precedentes que los analistas atribuyen directamente a la fractura política generada por el Brexit.

El riesgo de quedar atrapado entre bloques

Newton-Smith también advirtió sobre una amenaza emergente para la industria británica: la tendencia proteccionista de la Unión Europea, que avanza con medidas como la Ley del Acelerador Industrial (Industrial Accelerator Act), diseñada para fomentar la compra de productos fabricados en Europa. «Con el Reino Unido cada vez más atrapado entre el poderío industrial de Estados Unidos y China, esto es la definición de un resultado donde todos pierden. No podemos dejar que la política se interponga en nuestra competitividad mutua», sostuvo la titular de la CBI.

A una década del voto, la opinión pública también se corrió: según YouGov, el 57% de los británicos considera que salir de la UE fue una decisión equivocada, frente al 30% que la defiende. El debate sobre si el Brexit fue un error histórico está, en los hechos, cerrado para la mayoría. Lo que sigue abierto es qué hacer con ese legado.

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