El comercio bilateral entre Brasil y Canadá cerró 2025 en su mejor nivel histórico. El flujo total alcanzó los 10.400 millones de dólares, impulsado por exportaciones brasileñas que sumaron 7.300 millones —un 14,8% más que el año anterior— según datos publicados esta semana por el Itamaraty en el marco del comunicado sobre la X Ronda Negociadora del TLC Mercosur-Canadá.
Por primera vez, Canadá entró al top diez de destinos de exportación de Brasil, posicionándose como el octavo mercado más importante. El ingreso al ranking no es un dato menor: hasta ahora, el mercado canadiense había permanecido por debajo del radar en la estrategia exportadora brasileña, dominada históricamente por la relación con Estados Unidos, China y la Unión Europea. Que Canadá aparezca ahora entre los diez primeros destinos sugiere una reorientación comercial que los analistas consideran estructural.
La canasta exportadora brasileña hacia Canadá combina recursos naturales con manufactura de alto valor. Los minerales de aluminio, níquel y cobre fueron el segmento de mayor crecimiento, traccionados por la demanda canadiense de insumos para la transición energética y la industria tecnológica. A eso se suman exportaciones tradicionales como azúcar y café, pero también aeronaves de Embraer y equipos de ingeniería civil —productos que hace una década difícilmente aparecerían en este intercambio. La combinación refleja que Brasil ya no exporta solo commodities a Canadá: el vínculo comercial está ganando complejidad.
Todo ese crecimiento ocurrió sin ningún acuerdo preferencial vigente, con Brasil pagando los aranceles canadienses de nación más favorecida, en su mayoría inferiores al 3%. Eso cambia la lectura sobre el TLC Mercosur-Canadá: si el comercio ya creció casi 15% con barreras arancelarias, el efecto del acuerdo no vendrá principalmente de eliminar esos aranceles —que ya son bajos— sino de reducir la fricción burocrática, armonizar certificaciones técnicas y sanitarias, y abrir el acceso a las compras gubernamentales de ambas partes. Son esos capítulos los que pueden generar los saltos más significativos en los sectores de servicios, tecnología y agroindustria procesada, donde las trabas regulatorias pesan más que los aranceles.
El contexto geopolítico también explica buena parte de la dinámica. Brasil y Canadá fueron afectados por las medidas proteccionistas de la administración Trump, y esa presión compartida aceleró las negociaciones. Según los propios negociadores de ambas partes, la convergencia de intereses frente al proteccionismo estadounidense es el factor que más explica la velocidad sin precedentes con que avanzaron las rondas negociadoras durante 2025 y 2026. El TLC Mercosur-Canadá, en ese marco, no es solo un acuerdo comercial: es también una respuesta diplomática coordinada a un escenario global de mayor fragmentación.

