El debate sobre cuánto debe quedarse el Estado cuando las materias primas se disparan volvió al centro de la agenda económica australiana, y Chile y Perú aparecen como dos de sus principales puntos de referencia. Así lo plantea un estudio del centro de estudios Prosper Australia, especializado en reforma tributaria, que compara el régimen fiscal sobre los recursos naturales del país con el de un grupo de jurisdicciones con fuerte peso extractivo: Chile, Perú, Quebec, Noruega, Alaska y el sector carbonífero del estado de Queensland.
El trabajo, a cargo de Richard Wielga, execonomista del Departamento del Tesoro y Finanzas del estado de Victoria, parte de una premisa explícita: las empresas tienen derecho a un retorno comercial por el capital, la tecnología y el conocimiento que aportan, pero no crean el recurso, por lo que la sociedad debería participar de la renta extraordinaria cuando los precios y las ganancias suben.
Un resultado a contramano
Para medir el desempeño de cada sistema, el informe construye un índice de captación pública, que estima cuánto recauda el Estado por cada dólar de valor generado por la actividad. En minería, Australia supera a sus tres comparables internacionales: Chile, Perú y Quebec.
Los autores reconocen que el hallazgo es contraintuitivo. El esquema australiano se apoya en regalías bajas y fijas, mientras que los regímenes andinos y canadiense incorporan componentes que elevan la carga cuando las cotizaciones suben. Chile, por ejemplo, combina desde 2024 un tributo sobre las ventas con tasas crecientes según el margen operacional de las grandes productoras de cobre, y Perú calcula su regalía sobre la utilidad operativa y la complementa con un impuesto especial a la minería. En teoría, ambos diseños deberían capturar más en los ciclos alcistas; en los datos observados, no lo hacen.
La explicación, según el estudio, está menos en el diseño legal que en la estructura productiva. La minería australiana está dominada por operaciones maduras y de gran escala de hierro y carbón, con costos y volúmenes muy distintos de la canasta de cobre, oro y otros metales que predomina en los países andinos o en Quebec. A eso se suman diferencias en la madurez de los proyectos, los ciclos de precios y la capacidad de administración y fiscalización tributaria. Por eso, advierte el informe, el mejor índice australiano no implica que su sistema sea óptimo.
Cuando el diseño no alcanza
La comparación sirve para ilustrar uno de los argumentos centrales del trabajo: un instrumento puede lucir sólido en el papel y rendir poco en la práctica. El caso emblemático en Australia es el impuesto a la renta de recursos petroleros (PRRT), creado para gravar las superganancias de los proyectos offshore, que no generó ingresos significativos ni oportunos.
En hidrocarburos la brecha es más pronunciada. El índice australiano queda muy por debajo de Noruega y Alaska, incluso después de depurar los datos noruegos para excluir la participación directa del Estado en la producción.
La renta que queda sobre la mesa
Con un régimen más sensible a los precios, Prosper Australia calcula que el país podría recaudar unos 45.000 millones de dólares australianos adicionales por año. Alrededor de 28.000 millones provendrían de la minería, incluidos carbón, hierro, oro, cobre y litio, y entre 16.000 y 18.000 millones del petróleo, el gas y el gas natural licuado.
Queensland, la prueba doméstica
Como evidencia de que un esquema progresivo puede funcionar dentro del país, el informe destaca el carbón de Queensland. Desde el 1 de julio de 2022, el estado aplica regalías escalonadas que parten del 7% sobre los primeros 100 dólares por tonelada y llegan al 40% sobre el tramo de precio que supera los 300 dólares.
En los tres años posteriores, la cantidad de minas activas pasó de 53 a 60 y el empleo se mantuvo en torno a 26.000 trabajadores. Las cifras oficiales más recientes, sin embargo, muestran 58 minas en operación en el ejercicio 2025-26 y recortes de personal que algunas compañías atribuyen a la mayor carga tributaria, en un contexto de precios más bajos y costos en alza.
Hacia regalías ligadas al ciclo
La recomendación central es que Australia adopte regalías vinculadas al mercado, que se incrementen cuando los precios superen sus niveles de largo plazo, o un modelo mixto que combine un piso mínimo con un componente variable atado a precios, ganancias o márgenes. Se trata, en esencia, de la misma lógica que inspira los regímenes de Chile y Perú.


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