Audi construirá su primera fábrica en Estados Unidos con una inversión de 4.000 millones de dólares

La planta se levantará en el centro de Georgia y fabricará hasta 200.000 SUV por año. Los aranceles le costaron a la marca alemana unos 1.200 millones de euros el último año.
Audi desembarca en EEUU
Audi desembarca en EEUU

Audi, la marca premium del grupo Volkswagen, confirmó que construirá su primera planta de ensamblaje en Estados Unidos, una inversión estimada en torno a 4.000 millones de dólares, que se radicará en el Middle Georgia Megasite, en el condado de Peach, en las cercanías de Macon y Perry. El proyecto prevé la creación de unos 4.500 puestos de trabajo y una capacidad de producción de hasta 200.000 vehículos anuales, orientados a los SUV de mayor tamaño y gama más alta de la marca para el mercado norteamericano.

Trump presentó la operación como la mayor inversión de la historia moderna de la industria automotriz estadounidense, atribuyó al secretario de Comercio, Howard Lutnick, un rol central en su concreción y sostuvo que el desembarco no habría ocurrido sin los aranceles a los vehículos importados desde Europa. 

Cronograma y modelos

Según el gobierno de Georgia, la preparación y nivelación del terreno comenzará en 2027, la construcción del edificio en 2028 y la producción comercial en 2031. La compañía no informó oficialmente qué modelos ni qué tipo de propulsión fabricará, pero funcionarios estadounidenses indicaron que la planta ensamblaría los SUV Q7, Q8 y el futuro Q9, el modelo más grande de la marca, pensado para competir con el Mercedes-Benz GLS y el Cadillac Escalade. Parte de la producción que hoy se realiza en Bratislava, Eslovaquia, se trasladaría a territorio estadounidense.

El plan se complementa con la fabricación de unas 25.000 unidades anuales de Audi en la planta que Scout Motors, otra marca del grupo, levanta en Blythewood, Carolina del Sur, con una inversión de 2.000 millones de dólares. La inversión en Georgia todavía debe ser aprobada por el consejo de supervisión de Volkswagen. El estado, por su parte, adquirió y acondicionó el predio para el proyecto y montará un centro de capacitación específico junto al sistema de colegios técnicos local, aunque aún no se divulgó el monto de los incentivos fiscales comprometidos.

El peso de los aranceles

La decisión llega en un momento delicado para la marca de Ingolstadt. A diferencia de BMW y Mercedes-Benz, que fabrican en Estados Unidos desde hace décadas, Audi abastece ese mercado exclusivamente con unidades importadas desde Europa y México, lo que la deja plenamente expuesta al arancel de 15% que rige para los vehículos de la Unión Europea. Su SUV más vendido, el Q5, que se produce en México, no cumple con las reglas de origen del T-MEC y paga el gravamen completo. El costo de los aranceles sobre autos, autopartes, acero y aluminio rondó los 1.200 millones de euros para Audi el último año, mientras que Volkswagen estimó que el impacto para todo el grupo podría alcanzar los 5.000 millones de euros anuales. 

Entre enero y septiembre, las ventas de Audi en Estados Unidos cayeron 16%.

En ese contexto, Volkswagen apuesta a que el anuncio abra la puerta a un alivio arancelario. La empresa presentó el proyecto a Lutnick en las últimas semanas y las negociaciones con la administración continúan en torno a un esquema de créditos proporcionales para los fabricantes que se comprometan a ampliar su producción en Estados Unidos, un mecanismo que no sería exclusivo del grupo alemán. Döllner evitó precisar si el acuerdo incluye algún tipo de compensación y señaló que la decisión fue fruto de muchos meses de planificación. El director ejecutivo de Volkswagen, Oliver Blume, había advertido que el grupo no puede sostener al mismo tiempo aranceles elevados e inversiones de gran escala en nueva capacidad, aunque definió a Estados Unidos como un mercado clave para su crecimiento rentable.

Ruido en Alemania

La inversión convive con un ajuste profundo en casa. Volkswagen lleva adelante un plan de reestructuración para recuperar rentabilidad frente a la competencia china y los costos de la transición eléctrica, que según estimaciones del sector implicaría la reducción de unos 50.000 puestos a nivel global, la mitad de ellos en Alemania. El sindicato IG Metall calificó de difícil de entender que el CEO de Audi respaldara públicamente a Trump en plena campaña, aunque su titular, Christiane Benner, vicepresidenta del consejo de supervisión de Volkswagen, consideró que una planta en Estados Unidos es necesaria siempre que existan garantías de empleo para las fábricas alemanas. En la misma línea, el primer ministro de Baja Sajonia, Olaf Lies —el estado es el segundo mayor accionista del grupo—, advirtió que la expansión no debe hacerse a costa de puestos de trabajo en Alemania.

Para la administración Trump, el anuncio llega en un momento políticamente oportuno, a pocos días de las elecciones legislativas de noviembre, y refuerza su argumento de que la presión arancelaria empuja a los fabricantes extranjeros a producir en el país. Para Audi, que evaluaba una planta estadounidense de manera intermitente desde 2018, se trata de una apuesta de largo plazo cuyo retorno dependerá tanto de la evolución de la demanda como del desenlace de la negociación arancelaria.

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