El primer mes de vigencia del acuerdo Mercosur-Unión Europea dejó datos concretos para Argentina, la señal más inmediata llegó desde Entre Ríos. La miel provincial —que hasta el 30 de abril pagaba un arancel del 17,3% para ingresar al mercado europeo— fue uno de los primeros productos en quedar bajo régimen de arancel cero desde el 1° de mayo, y sus exportadores reportaron en las primeras semanas pedidos adicionales de entre el 30% y el 40% respecto al mismo período del año anterior.
Las estimaciones oficiales son ambiciosas pero están respaldadas por la estructura del texto del acuerdo: las exportaciones argentinas a la Unión Europea podrían crecer hasta el 76% en los primeros cinco años y hasta el 122% en un horizonte de diez. En valores, los envíos pasarían de 8.641 millones de dólares en 2025 a 15.166 millones en cinco años y a 19.165 millones en diez. Si esas proyecciones se materializan, Argentina habrá prácticamente triplicado sus exportaciones hacia su segundo mercado más importante en una sola década.
La condición es exigente: los productos argentinos deberán cumplir con los estándares europeos de inocuidad, trazabilidad y sostenibilidad —incluyendo el Reglamento Europeo de Deforestación, que entra en vigor el 30 de diciembre de 2026— y la industria exportadora deberá tener capacidad logística y financiera para escalar en los plazos que el mercado demanda.
Entre los sectores con mayor potencial de crecimiento inmediato, los langostinos patagónicos ocupan un lugar destacado. La industria pesquera del sur argentino produce uno de los mejores langostinos del mundo en calidad y sostenibilidad, pero históricamente pagaba aranceles de entre el 12% y el 18% para ingresar a Europa, lo que la colocaba en desventaja frente a proveedores de Asia y África con costos de acceso similares o menores. La eliminación de ese arancel abre la posibilidad de nuevos contratos con supermercados, restaurantes y distribuidores europeos que hasta ahora preferían otros orígenes por razones de precio. Para los trabajadores de la industria pesquera de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, el acuerdo tiene una traducción directa en salarios, empleo y sostenibilidad de comunidades costeras enteras.
El aceite de oliva argentino —producido principalmente en Mendoza, San Juan y La Rioja— también encontró en el acuerdo un cambio de reglas favorable. Que los productores europeos hayan aceptado incluir al aceite de oliva argentino en el régimen de reducción arancelaria es una concesión política significativa, dado que Europa lidera la producción global del producto con España e Italia a la cabeza. Para los olivicultores argentinos, el acceso preferencial abre la posibilidad de posicionar sus aceites extra vírgenes en el segmento de alta calidad, donde los márgenes son más elevados y la diferenciación por origen y varietal puede convertirse en una ventaja competitiva real.
La carne, los vinos y la miel completan un paquete exportador que, por primera vez en décadas, llega a Europa con reglas de juego diferentes. El desafío ahora no es comercial sino operativo: aprovechar la ventana antes de que los competidores ajusten sus propias estrategias de acceso al mercado europeo.

