Zonas francas: Colombia y Panamá se disputan el mapa logístico de América Latina

Dos modelos de zona franca compiten por captar la inversión que se reubica: la plataforma panameña de exportación pura, apalancada en el Canal, y el esquema colombiano de nearshoring, que combina acceso al mercado estadounidense.
15/07/2026
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Zonas Francas: Colombia y Panamá
Zonas Francas: Colombia y Panamá

Elegir dónde instalar una planta manufacturera o un centro de distribución regional dejó de ser una decisión de bajo riesgo. La fragmentación de las cadenas de suministro y la escalada arancelaria entre Estados Unidos y China están reordenando los flujos de inversión extranjera directa en la región, y un error de localización se traduce en sobrecostos logísticos y cuellos de botella aduaneros que se cuentan en millones de dólares.

En ese reacomodamiento, dos jurisdicciones concentran la atención de las multinacionales que buscan combinar manufactura pesada, reempaque y distribución masiva: los complejos francos de Colombia y la red logística de Panamá, cada uno con una lógica de negocio distinta.

De depósitos aduaneros a ecosistemas industriales

Las zonas francas latinoamericanas evolucionaron desde simples polígonos de almacenamiento con exención arancelaria hacia ecosistemas industriales de mayor complejidad. Costa Rica y República Dominicana, por ejemplo, viraron hacia la manufactura de dispositivos médicos y los servicios compartidos, mientras que Colombia y Panamá se consolidaron como los dos polos de referencia para operaciones de gran escala.

Persiste, sin embargo, una confusión frecuente sobre la naturaleza de estos regímenes: no constituyen mecanismos de evasión fiscal, sino esquemas de optimización del flujo de caja mediante el diferimiento del impuesto al valor agregado y la suspensión temporal de aranceles, bajo marcos de cumplimiento auditados por la Organización Mundial del Comercio en materia de subvenciones prohibidas. Las normativas vigentes exigen trazabilidad de la materia prima, transformación sustancial de acuerdo con las reglas de origen y liquidación precisa de tributos al momento de nacionalizar la mercadería.

Panamá: la plataforma de exportación pura

La Zona Libre de Colón y áreas económicas especiales como Panamá Pacífico ofrecen una conectividad marítima interoceánica sin comparación en la región, apalancada en el Canal de Panamá y su red portuaria. El régimen otorga exención total del impuesto sobre la renta para operaciones de exportación y elimina el gravamen sobre los dividendos generados en el exterior.

El límite estructural del modelo panameño es demográfico: con apenas 4 millones de habitantes, una operación de fulfillment instalada allí debe exportar más del 95% de su producción, lo que la convierte en un esquema óptimo para consolidar carga proveniente de Asia y redistribuir hacia el Caribe, Centroamérica y la costa oeste sudamericana. El crecimiento del comercio electrónico transfronterizo refuerza además el rol de Panamá como nodo clave para envíos de bajo valor bajo el régimen de minimis.

Colombia: el ancla del nearshoring y el mercado interno

Colombia juega una carta distinta: con más de 50 millones de consumidores, permite que las empresas instaladas bajo el régimen franco exporten globalmente y, al mismo tiempo, accedan al mercado interno. Al nacionalizar el producto, la compañía liquida el arancel solo sobre el componente extranjero importado, no sobre el valor agregado producido localmente.

La tensión geopolítica entre Washington y Beijing convirtió a la manufactura local en un eje central del nearshoring regional, y el tratado de libre comercio de Colombia con Estados Unidos potencia esa transformación industrial al otorgar acceso preferencial al mercado norteamericano. El matiz para 2026 es regulatorio: la tarifa preferencial del 20% en el impuesto a la renta ya no es automática, sino que exige a los usuarios industriales suscribir y cumplir un plan de internacionalización con cuotas mínimas de exportación; de no alcanzarlas, la tributación pasa a la tarifa societaria general, del 35 por ciento.

Una decisión que ya no admite margen de error

La disyuntiva entre ambos modelos se resume, en última instancia, en el destino final de la mercadería: Panamá conviene cuando el objetivo es la redistribución regional pura, mientras que Colombia se impone cuando la estrategia requiere combinar exportación con una presencia sólida en el mercado interno latinoamericano. Con la reconfiguración del comercio global aún en marcha, la elección de plataforma logística se volvió, para las compañías con operaciones en la región, una decisión tan estratégica como la del producto que fabrican.

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