Paraguay volvió a instalar una iniciativa que, de concretarse, podría modificar parte de la logística regional: la reactivación del histórico ferrocarril de Encarnación para ofrecer una nueva salida a sus exportaciones a través de la red ferroviaria argentina y, en una etapa posterior, alcanzar el Puerto de Montevideo. La propuesta responde a una necesidad estratégica para un país sin litoral marítimo, que busca diversificar las alternativas para movilizar su comercio exterior más allá de la Hidrovía Paraguay-Paraná, consolidada en los últimos años como su principal vía de salida al océano.
Sin embargo, el mayor desafío del proyecto no está en territorio paraguayo ni en la recuperación de la infraestructura de Encarnación y su vinculación con la línea General Urquiza, en Argentina. El obstáculo de fondo aparece al intentar completar el último tramo del recorrido: la conexión ferroviaria entre Argentina y Uruguay sigue siendo una asignatura pendiente.
Un puente disponible, pero sin decisión política
El paso internacional entre Concordia y Salto dispone de un puente ferroviario construido sobre la represa de Salto Grande. Diversos estudios técnicos y especialistas del sector coinciden en que la infraestructura podría volver a utilizarse para el transporte de cargas con las inversiones correspondientes, pero su rehabilitación permanece detenida por la falta de acuerdos binacionales sobre financiamiento, administración y operación del enlace.
Incluso si ese cruce recuperara su actividad —un escenario todavía lejano—, el corredor seguiría incompleto: del lado uruguayo tampoco existe hoy una conexión ferroviaria funcional que permita trasladar cargas desde Salto hasta Montevideo. El cierre progresivo de la línea del litoral y la concentración de las inversiones ferroviarias en el eje Paso de los Toros-Montevideo, impulsadas por el desarrollo del Ferrocarril Central, dejaron al noroeste uruguayo sin un corredor operativo hacia la capital.
Distintos actores del sector vienen advirtiendo que esa situación limita las posibilidades de integrar el litoral uruguayo a los grandes corredores logísticos del Mercosur y reduce las opciones de Montevideo para captar nuevas cargas internacionales, en detrimento del proyecto de convertir al puerto en un hub logístico regional.
Intereses complementarios entre los tres países
El proyecto paraguayo reabre así un debate que trasciende a los tres países involucrados. Mientras Paraguay consolidó la hidrovía como su principal vía de salida al océano, Uruguay fortaleció la capacidad del Puerto de Montevideo mediante inversiones en dragado, ampliación de terminales y modernización portuaria. La articulación ferroviaria entre ambos extremos del corredor, sin embargo, permanece inconclusa.
Para Paraguay, contar con una alternativa ferroviaria permitiría complementar el transporte fluvial y carretero, reducir costos logísticos en determinados tipos de carga y disminuir la dependencia de un único modo de transporte. Para Uruguay, en cambio, la conexión representaría una oportunidad para captar mayores volúmenes de mercadería regional y consolidar a Montevideo como plataforma logística para el Cono Sur.
La iniciativa se inscribe, además, en una tendencia que gana espacio en Sudamérica: el desarrollo de corredores multimodales capaces de combinar ferrocarril, puertos y navegación interior para mejorar la competitividad del comercio exterior. Bajo ese esquema, la infraestructura deja de evaluarse dentro de las fronteras nacionales para integrarse a una red regional, donde la interrupción de un solo tramo puede condicionar el funcionamiento de todo el sistema.
Una deuda de integración, más que de obra pública
Por ahora, el proyecto impulsado por Paraguay permanece en una fase de planificación y sin cronograma definido. Su sola aparición, no obstante, volvió a exponer una realidad conocida por los especialistas del sector: el principal desafío para construir un corredor ferroviario hasta Montevideo no consiste únicamente en recuperar vías o estaciones, sino en resolver una deuda histórica de integración entre Argentina y Uruguay y, en simultáneo, reconstruir la conectividad ferroviaria del litoral uruguayo con su capital.
Mientras esas brechas permanezcan abiertas, la posibilidad de que un tren paraguayo llegue al principal puerto uruguayo seguirá siendo una aspiración de fuerte valor estratégico. El caso ilustra que la infraestructura ferroviaria del Mercosur no depende únicamente de nuevas inversiones, sino también de la capacidad de los países de la región para coordinar políticas de largo plazo que transformen corredores fragmentados en una red logística verdaderamente integrada.

