El gobierno de Trump está moviendo sus piezas para asumir un rol de árbitro global en la industria de la inteligencia artificial. El Departamento de Comercio está elaborando regulaciones que limitarían los envíos de chips de IA a cualquier parte del mundo sin aprobación previa de Washington, otorgando al gobierno un control exhaustivo sobre si otros países pueden o no construir infraestructura para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.
El esquema es ambicioso: las nuevas regulaciones darían a Washington un control amplio sobre si otros países pueden construir instalaciones para el desarrollo de la IA, y bajo qué condiciones. La intención declarada no es bloquear ventas, sino fijar las reglas del juego. Las reglas establecerían al gobierno estadounidense como un portero del sector de la IA, exigiendo que empresas y, en ciertos casos, sus gobiernos obtengan la aprobación de Washington antes de adquirir los valiosos aceleradores.
Un sistema escalonado con tres niveles
El borrador instituye un sistema de licencias escalonado según el tamaño del despliegue: envíos de hasta 1.000 GPUs pasarían por una revisión básica; los de tamaño mediano requerirían autorización previa antes de solicitar una licencia; y los despliegues de 200.000 GPUs o más exigirían certificaciones de funcionarios gubernamentales del país receptor, incluyendo requisitos de seguridad y compromisos de invertir en infraestructura de IA en Estados Unidos.
Según el Financial Times, el Departamento de Comercio podría requerir que las corporaciones que adquieran grandes volúmenes de chips de Nvidia y AMD inviertan en infraestructura de IA en territorio estadounidense. El esquema es coherente con la estrategia más amplia de Trump, que ha exigido a las empresas tecnológicas extranjeras invertir en Estados Unidos bajo amenaza de aranceles punitivos. El marco estaría modelado sobre los acuerdos de chips con los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, alcanzados en noviembre de 2025.
Tensión interna en la Casa Blanca
El borrador ya genera fricción dentro del propio gobierno. Un funcionario de la Casa Blanca señaló que el borrador circulante de 129 páginas «no refleja lo que el presidente Trump ha dicho sobre los controles de exportación ni la dirección de la administración Trump para fomentar la exportación del ecosistema tecnológico estadounidense».
El portavoz del Departamento de Comercio reconoció la existencia de «discusiones internas en curso sobre la formalización de ese enfoque», y aclaró que no volverá a la norma de «difusión» de la era Biden, calificándola de «gravosa, excesiva y desastrosa».
Entre el control y el negocio
Las acciones de Nvidia y AMD cayeron inicialmente tras conocerse la noticia, aunque luego recuperaron terreno: Nvidia cerró con una suba del 0,2% y AMD con una baja del 1,3%.
La tensión de fondo es real: el gobierno quiere retener influencia estratégica sobre la IA global sin frenar a sus propias empresas. La capacidad de las naciones para construir infraestructura digital crítica —que muchos líderes mundiales consideran esencial para el crecimiento económico, la competitividad empresarial y la soberanía militar— dependería entonces de cómo el equipo de Trump distribuya esas licencias.
El borrador aún no ha sido confirmado oficialmente, y el Registro preguntó al Departamento de Comercio si refleja las reglas que planea implementar, sin obtener respuesta hasta el cierre de esta edición. Lo que sí queda claro es la dirección: Washington no quiere ser solo el fabricante del chip más poderoso del mundo. Quiere decidir quién puede tenerlo.

