El presidente Donald Trump ajustó los aranceles de seguridad nacional aplicados a las importaciones de acero, aluminio y cobre, con el objetivo de reducir las tasas sobre productos derivados, simplificar el cumplimiento aduanero y evitar la subdeclaración de valores de importación.
Mediante una proclama presidencial, Estados Unidos mantendrá el arancel del 50% sobre las importaciones de esos metales bajo la Sección 232 de la Ley de Comercio de 1974, pero la tasa se aplicará ahora sobre el precio pagado por los compradores estadounidenses, según informó la Casa Blanca. Los detalles sobre cómo se determinará ese precio de venta y el arancel resultante no quedaron inmediatamente claros.
Un funcionario de alto rango de la administración señaló que algunos importadores habían declarado valores artificialmente reducidos para disminuir sus costos arancelarios. Los cambios anunciados buscan corregir esa distorsión y reordenar el esquema de tributación sobre derivados metálicos.
Entre las modificaciones más relevantes figura la eliminación del arancel del 50% sobre productos derivados cuyo contenido de acero, aluminio o cobre sea inferior al 15% del peso total. La medida apunta a excluir del régimen a bienes con presencia mínima de metales, como un frasco de perfume con tapa de aluminio o un dispensador de hilo dental con una pequeña cuchilla de acero.
Para ciertos equipos industriales y de infraestructura eléctrica con alta intensidad de metales, el arancel se reducirá del 50% al 15% hasta 2027, con el fin de acelerar la expansión industrial del país. Los fabricantes de acero habían presionado por esta rebaja para maquinaria siderúrgica producida en Alemania e Italia.
Los productos derivados con más del 15% de contenido metálico quedarán sujetos a un arancel plano del 25% sobre el valor total de la importación, independientemente de la proporción de metal. Una lavadora o una cocina a gas fabricada en gran medida con acero, por ejemplo, quedaría gravada con esa tasa uniforme. En cambio, los productos elaborados en el exterior pero íntegramente con acero, aluminio o cobre de origen estadounidense tributarán a una tasa reducida del 10%.
El funcionario describió el nuevo esquema como más sencillo y directo, y sostuvo que la administración consultó los cambios con la industria y recibió una respuesta favorable. Aclaró también que las modificaciones no deberían generar una diferencia económica material respecto del régimen anterior, aunque al aplicar el 50% sobre el valor de venta completo de los metales en bruto podría registrarse algún incremento en la recaudación arancelaria.

