Sin acuerdo en la sobrecapacidad industrial en el G20

La reunión de ministros de Comercio presidida por Estados Unidos consensuó una declaración contra el uso de los alimentos como arma geopolítica, pero no logró un plan común frente al exceso de producción.
Reunión ministros de Comercio del G20
Reunión ministros de Comercio del G20

Los ministros de Comercio del G20 se retiraron de Milwaukee tras dos días de deliberaciones con un saldo ambiguo. La presidencia estadounidense del grupo había colocado la sobrecapacidad industrial estructural en el centro de la agenda, con la expectativa de alumbrar un marco de acción coordinada. El encuentro terminó sin ese plan y con lecturas divergentes entre las delegaciones sobre el grado de respaldo que tuvo la propuesta.

El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, describió las conversaciones como francas y constructivas, aunque admitió que no hubo acuerdo sobre un texto conjunto. En el comunicado de cierre, la presidencia dejó constancia de su profunda decepción porque un grupo reducido de miembros rechazó la declaración sobre exceso de capacidad, pese a que, según su versión, la gran mayoría de los participantes coincidía en que el problema exige respuestas.

Dos relatos de una misma mesa

La lectura de Pekín fue diametralmente distinta. Desde la delegación china se sostuvo que la mayoría de los ministros no acompañó el planteo estadounidense para contener la sobrecapacidad, una afirmación que invierte el balance presentado por Washington. Consultado sobre el tema, el negociador comercial Li Chenggang se limitó a señalar que las partes habían expuesto sus respectivas posiciones.

China rechaza que sus políticas industriales generen excedentes y considera que esas acusaciones funcionan como justificación de medidas proteccionistas. La postura no es nueva: ya había bloqueado un lenguaje similar en la reunión de ministros de Finanzas del G20 celebrada en Carolina del Norte, donde el resto de los miembros acordó, sin Pekín, combatir las políticas económicas ajenas al mercado y los modelos de crecimiento dependientes de las exportaciones.

Del lado europeo, el comisario de Comercio Maroš Šefčovič advirtió que la sobreproducción puede inundar mercados con tal velocidad que llegue a poner en riesgo sectores enteros en cuestión de semanas o meses, una preocupación compartida por países como Polonia, cuyo ministro de Finanzas apuntó contra los subsidios chinos a la siderurgia.

El acero como primer frente

En paralelo a la discusión multilateral, Washington impulsó el denominado Marco de Milwaukee, una iniciativa para coordinar respuestas nacionales frente al exceso global de capacidad siderúrgica. La propuesta invita a los países a adoptar barreras a las importaciones de acero provenientes de economías con sobreproducción, con China como destinataria implícita. Greer evitó fijar un piso arancelario común y dejó en manos de cada gobierno la definición de las medidas que considere apropiadas.

La iniciativa se apoya en la política que Estados Unidos ya aplica por su cuenta: investigaciones abiertas contra 16 socios comerciales por posibles excesos de capacidad y aranceles de entre 10% y 12,5% sobre 59 países y la Unión Europea vinculados a cuestionamientos por trabajo forzoso en las cadenas de suministro.

Lo que sí se acordó

El único consenso pleno de la reunión fue una declaración que condena el uso de los alimentos y los insumos agrícolas como herramienta de coerción para obtener concesiones geopolíticas ajenas al comercio. Para los grandes exportadores agroalimentarios, incluidos los del Mercosur, el pronunciamiento tiene valor como señal frente a restricciones discrecionales en mercados de destino.

En materia de trabajo forzoso, en cambio, no hubo acuerdo general. Solo México y la Argentina suscribieron junto a Estados Unidos una declaración para eliminar de las cadenas de valor los bienes producidos bajo esas condiciones, un alineamiento que refleja la sintonía del gobierno argentino con la agenda comercial de Washington.

La revisión de la nación más favorecida

Greer aprovechó la tribuna para plantear una revisión de fondo del orden comercial. Sostuvo que los marcos heredados resultan insuficientes ante los desafíos actuales y cuestionó la aplicación incondicional del principio de nación más favorecida, pilar del sistema multilateral desde el GATT, por entender que limita la capacidad de los países para responder a políticas que distorsionan el comercio. También reclamó abordar los temas difíciles en el propio G20 en lugar de derivarlos a la OMC.

Estados Unidos no buscó una declaración formal sobre este punto, aunque aseguró que varios miembros se mostraron abiertos a discutir cambios. La señal es relevante: mientras la OMC atraviesa una etapa de parálisis, Washington intenta trasladar al G20 el debate sobre las reglas de base del comercio global. El resultado de Milwaukee sugiere, sin embargo, que ese terreno tampoco garantiza consensos cuando el eje de la discusión es China.

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