Por qué los precios de los alimentos resisten el golpe del petróleo y los fertilizantes

Las buenas cosechas y los altos stocks de granos actúan como amortiguador ante el impacto del conflicto en Irán.
02/04/2026
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los precios de los alimentos resisten al conflicto
los precios de los alimentos resisten al conflicto

En medio de una escalada bélica en Oriente Medio que ha sacudido los mercados energéticos y disparado los costos de producción agrícola, los precios mundiales de los alimentos muestran una resiliencia que sorprende a analistas y operadores. La explicación no está en ningún milagro de política económica sino en una combinación de factores favorables que confluyen en el momento justo: cosechas abundantes en las principales regiones productoras y niveles de reservas de granos que, por ahora, ofrecen un colchón suficiente para absorber el shock.

El conflicto con Irán tensionó de inmediato los mercados de energía. El petróleo repuntó con fuerza ante el temor a interrupciones en el suministro a través del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un quinto de todo el crudo que se comercializa en el mundo. Ese encarecimiento del petróleo se transmite rápidamente a la cadena alimentaria a través de dos vectores clave: el costo del transporte y, sobre todo, el precio de los fertilizantes nitrogenados, que se producen a partir del gas natural. Cuando la energía sube, producir alimentos se vuelve más caro casi de manera automática.

Sin embargo, esa presión no se ha trasladado todavía a los precios en góndola con la intensidad que se temía. La razón principal es que la temporada agrícola anterior dejó resultados mejores de lo esperado en zonas estratégicas. Las cosechas de trigo en la Unión Europea y en la región del Mar Negro, la producción de maíz en Estados Unidos y la soja en América del Sur cerraron con cifras que permitieron reconstruir reservas que venían golpeadas por años de volatilidad climática y logística. Esos stocks actúan hoy como un dique: absorben la presión de la demanda sin que los precios tengan que subir para equilibrar el mercado.

Los datos del mercado de futuros reflejan esa calma relativa. El trigo y el maíz en Chicago han registrado movimientos moderados desde el inicio del conflicto, muy por debajo de los picos que se observaron tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, cuando la interrupción de exportaciones desde el Mar Negro generó una crisis de abastecimiento genuina. La diferencia es que en aquella oportunidad la oferta física estaba en juego; ahora, por el momento, no lo está.

Pero los analistas advierten que esta ventana de estabilidad tiene fecha de vencimiento. Si el conflicto en Irán se prolonga o se extiende geográficamente, los efectos sobre la logística regional y los costos de insumos comenzarán a erosionar los márgenes de los productores agrícolas, que inevitablemente trasladarán esa presión a los precios. La temporada de siembra que se avecina en el hemisferio norte será el primer test: los agricultores deberán decidir qué plantar y cuánto invertir en un contexto de costos elevados e incertidumbre sobre los precios de venta futuros.

Hay, además, variables que escapan al control de los mercados agrícolas. El dólar fuerte —consecuencia habitual de los episodios de aversión al riesgo global— encarece las importaciones de alimentos para los países que operan en otras monedas, golpeando con mayor dureza a las economías emergentes y a los importadores netos de alimentos en África y Asia. Para esos países, la estabilidad de los precios internacionales es solo parte del problema: el tipo de cambio puede hacer que una cosecha récord en Kansas igual se convierta en una crisis alimentaria en Nairobi.

Lo que los mercados descuentan hoy es un escenario de tensión contenida y resolución relativamente rápida del conflicto. Si esa apuesta resulta equivocada, el colchón de reservas se consumirá más rápido de lo previsto y los precios de los alimentos podrían escalar con una velocidad que tomaría por sorpresa a gobiernos y consumidores por igual. La estabilidad actual es real, pero frágil. 

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