Países productores de café pierden la batalla por el valor agregado

Un estudio que analiza tres décadas de comercio internacional revela las profundas asimetrías en ganancias dentro de la cadena global.
22/02/2026
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Países productores de café y su valor agregado
Países productores de café y su valor agregado

Cuando un consumidor paga cinco euros por un café de especialidad en Berlín o seis dólares por un latte en Nueva York, apenas una fracción mínima de ese dinero llega a manos del agricultor que cultiva el grano. Esta realidad, conocida desde hace décadas en los debates sobre comercio justo, ahora tiene una radiografía más precisa gracias a una investigación publicada en enero de 2026 en el Journal of International Development. El estudio de Hanley, Liu, Semrau y Görlich reconstruye 28 años de datos de comercio internacional de café —entre 1991 y 2018— para entender qué países lograron subir en la cadena de valor y cuáles quedaron atrapados en los eslabones menos rentables.

El problema del café verde

El café se comercializa internacionalmente en distintos formatos: desde el grano verde sin procesar —la forma más básica y menos rentable— hasta el café tostado en distintas moliendas y el café soluble o instantáneo, que implica procesos industriales más complejos. La diferencia en el precio de exportación entre un kilo de café verde y un kilo de café tostado puede ser de tres a cinco veces. Si a eso se le suma el café soluble, el diferencial puede ser aún mayor. Sin embargo, la mayor parte de los países productores tradicionales sigue exportando principalmente en verde, cediendo el valor del procesamiento a los países importadores.

El estudio introduce dos conceptos para medir el progreso de los países en este esquema. El primero es el upgrading funcional: la capacidad de un país de avanzar desde la exportación de café verde hacia formatos más procesados, como el tostado o el soluble. El segundo es el upgrading productivo: el grado en que un país incorpora valor agregado a sus exportaciones brutas de café, independientemente del formato. Ambas métricas combinadas ofrecen una imagen más completa de qué tan bien está capitalizando cada país su posición en la cadena global.

Asia sube, África se estanca

Los resultados son contundentes y, en algunos casos, sorprendentes. Los países asiáticos productores de café —entre ellos Vietnam e Indonesia— han logrado escalar de manera significativa en la cadena de valor durante el período analizado. Vietnam, que prácticamente no existía como exportador de café a principios de los noventa, se convirtió en el segundo productor mundial y además desarrolló capacidades de procesamiento que le permitieron exportar café soluble en volúmenes considerables. Este ascenso no fue casual: respondió a políticas industriales activas, inversión en infraestructura y una integración deliberada en redes de procesamiento regionales.

En contraste, muchos países africanos —incluyendo productores históricos como Etiopía, Uganda o Tanzania— permanecen mayoritariamente exportando café verde. A pesar de que algunos de estos países cultivan variedades de alta calidad muy valoradas en los mercados de especialidad, no han logrado retener el valor del procesamiento dentro de sus fronteras. El resultado es una paradoja: países con café excelente que no capturan los precios premium que ese café genera aguas abajo en la cadena.

Los factores que marcan la diferencia

El estudio no se limita a describir el fenómeno sino que identifica los determinantes estructurales que explican por qué algunos países logran ascender en la cadena y otros no. Entre los más relevantes aparece el nivel de industrialización preexistente: los países con mayor base industrial tienen más capacidad de desarrollar infraestructura de tostado y procesamiento, de retener técnicos calificados y de acceder a mercados de maquinaria especializada. La industria manufacturera general, en este sentido, actúa como plataforma habilitadora para la agroindustria del café.

Otro factor determinante es la distancia a los centros de procesamiento. Los países más cercanos a los hubs industriales donde se concentra el tostado y la transformación del café tienen ventajas logísticas significativas, tanto en costos como en tiempos de respuesta al mercado. Esto explica en parte por qué países del sudeste asiático, con mayor conectividad a redes de manufactura regional, han tenido más éxito que países africanos más aislados.

La variedad de café cultivada también juega un papel crucial. El café arábica, cultivado principalmente en América Latina y Etiopía, se asocia con segmentos de mayor valor como el café de especialidad. El robusta, predominante en Vietnam y Uganda, es más resistente y productivo pero históricamente asociado a productos más masivos como el café instantáneo. Sin embargo, el estudio matiza esta lectura: no es la variedad en sí misma la que determina el éxito, sino la combinación entre variedad, estrategia de procesamiento y acceso a mercados.

Finalmente, las políticas comerciales tienen un impacto directo. En este punto, el estudio señala que las estructuras arancelarias de los países importadores frecuentemente penalizan el café procesado respecto del verde, un mecanismo que desincentiva la industrialización en origen y que ha sido denunciado históricamente por organizaciones de comercio justo y por los propios países productores.

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