La OPEP+ acordó este domingo elevar su producción en 206.000 barriles diarios a partir de abril, una cifra que superó la propuesta inicial de 137.000 barriles pero quedó muy por debajo del techo de 411.000 que también se había puesto sobre la mesa. La decisión llegó horas después de que Estados Unidos e Israel iniciaran ataques contra instalaciones iraníes, en un contexto de alta tensión geopolítica que ya había empujado el barril de Brent a 73 dólares el viernes —su nivel más alto desde julio pasado— y encendido las alarmas sobre una escalada hacia los 90 o incluso 100 dólares.
Ocho miembros del grupo se reunieron el domingo para definir su postura. Según delegados que solicitaron no ser identificados por tratarse de conversaciones privadas, Arabia Saudita y Rusia —que habían suspendido una serie de aumentos durante el primer trimestre— encabezaron el acuerdo. La organización, que concentra cerca del 40% del suministro mundial de crudo, optó por una respuesta mesurada que busca equilibrar la estabilidad del mercado con sus propios intereses estratégicos a largo plazo.
La capacidad de maniobra del grupo, sin embargo, es más acotada de lo que sugieren las cifras. Según la Agencia Internacional de la Energía, la producción excedente del bloque se concentra casi exclusivamente en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que en conjunto disponen de alrededor de 2,5 millones de barriles diarios —menos del 3% del suministro global—, y algunos analistas advierten que incluso esa estimación podría estar inflada. «Todo lo que se introduce ahora deja menos reservas», señaló Helima Croft, directora de estrategia de mercados de materias primas en RBC Capital Markets, en declaraciones recogidas por Bloomberg.
Un factor adicional de incertidumbre es el estado del Estrecho de Ormuz, cuyo tráfico se ha reducido al mínimo desde que estalló el conflicto. Por ese paso estratégico transita una parte crítica de las exportaciones petroleras de la región, y cualquier interrupción prolongada podría neutralizar el efecto del aumento de producción acordado.
El panorama de fondo también había cambiado antes del estallido de la crisis. A principios de año, los principales analistas y operadores anticipaban un excedente considerable de petróleo para 2026, con el aumento de la producción en América superando el crecimiento de la demanda. Pero ese escenario se complicó ante las interrupciones que afectaron a productores desde Norteamérica hasta Kazajistán, la acumulación de cargamentos rusos e iraníes bloqueados por sanciones y la sostenida compra de reservas estratégicas por parte de China.
En ese marco, la decisión saudita de abrir el grifo responde también a una lógica de más largo aliento: recuperar cuota de mercado cedida en años anteriores a los productores de esquisto estadounidenses y atender los llamados del presidente Trump para abaratar el combustible. Una estrategia similar ya había sorprendido a los mercados hace casi un año, cuando Riad reanudó rápidamente la producción suspendida desde 2023, ignorando las advertencias de sobreabastecimiento global.