Las grandes economías de Asia se preparan para el shock energético de la guerra con Irán

Los mayores importadores de combustible del mundo corren a asegurar reservas de petróleo y gas.
09/03/2026
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Asia se prepara para el shock energético
Asia se prepara para el shock energético

Las economías más grandes de Asia enfrentan su mayor prueba energética en años. Tras el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán —arteria vital para el transporte de petróleo y gas desde Medio Oriente—, los gobiernos de la región se apresuran a gestionar sus reservas de combustible. Los efectos se sienten con rapidez: Tailandia suspendió sus exportaciones de crudo y productos derivados del petróleo el 1 de marzo, mientras que China ordenó el 5 de marzo a sus mayores refinerías detener las exportaciones de diésel y gasolina.

La magnitud del problema es considerable. El conflicto generó una volatilidad inmediata en los mercados energéticos: el precio del Brent se disparó entre un 10% y un 13%, llegando a rondar los 82 dólares por barril hacia el 2 de marzo de 2026. Los analistas advierten que los precios podrían alcanzar los 100 dólares si las disrupciones persisten, lo que añadiría un 0,8% a la inflación global.

Un cuello de botella sin igual

El Estrecho de Ormuz no es un paso cualquiera. Por él transitan diariamente alrededor de 19 millones de barriles de petróleo, equivalentes al 20% del comercio mundial del crudo. Cerca del 80% al 90% del petróleo y gas natural licuado (GNL) que atraviesa el Estrecho tiene como destino Asia, siendo China uno de los principales compradores. No es casualidad, entonces, que la región sea la más expuesta: China, India, Japón y Corea del Sur concentran el 75% de las exportaciones de petróleo y el 59% de las de GNL que provienen de la zona.

La crisis del gas natural añade una capa adicional de complejidad. Qatar pausó su producción de GNL el lunes tras ataques con drones iraníes, reduciendo la oferta mundial de corto plazo en casi un quinto. Corea del Sur, que importa el 20% de su gas desde la región, advirtió que podría quedarse sin GNL en apenas nueve días, y su presidente anunció la creación de un fondo de estabilización de 100 billones de wones —unos 68.300 millones de dólares— para hacer frente a la escalada de precios.

Las reservas dan aire, pero no son eternas

Por ahora, la región puede apoyarse en sus stockpiles estratégicos. Japón y Corea del Sur cuentan con reservas que pueden sostenerlos por más de 200 días. China dispone de entre tres y cuatro meses de importaciones almacenadas, mientras que India puede abastecerse durante aproximadamente dos meses. Sin embargo, si el Estrecho permanece cerrado, esos márgenes se reducirán y la presión sobre los precios se intensificará.

Los gobiernos ya estudian medidas de contención. Nomura anticipa que Asia recurrirá a la política fiscal como primera línea de defensa para proteger a los consumidores, a través de controles de precios, mayores subsidios, recortes al impuesto a los combustibles y aranceles más bajos sobre el crudo y los productos refinados. No obstante, esas medidas tienen un límite: los subsidios podrían generar presiones adicionales sobre los déficits fiscales que ya son ajustados. 

Inflación, tasas y crecimiento en jaque

El impacto macroeconómico empieza a hacerse visible. BMI, una unidad de Fitch Solutions, estima que el conflicto podría añadir entre 7 y 27 puntos básicos a la inflación en Asia, con los efectos más pronunciados en Tailandia, Corea del Sur y Singapur, debido al mayor peso de la energía en sus canastas de precios. 

Los bancos centrales se encuentran ante un dilema difícil. Los economistas de Nomura señalan que el conflicto «solidifica el caso» para que muchos bancos centrales mantengan las tasas sin cambios por el momento, mientras intentan equilibrar el riesgo inflacionario con el enfriamiento del crecimiento económico. Se estima que por cada aumento sostenido de 10 dólares en el precio del petróleo, el crecimiento global cae entre 10 y 20 puntos básicos a lo largo de doce meses.

La variable decisiva: el tiempo

En última instancia, la magnitud del daño dependerá de cuánto dure la interrupción. Si los precios del petróleo se mantienen en la franja de 70 a 80 dólares por barril, la inflación en Europa y Asia sería apenas medio punto porcentual más alta que lo previsto antes del conflicto, con un impacto moderado sobre el crecimiento. Pero el escenario empeora rápidamente: si el crudo escala hacia los 100 dólares y se sostiene durante todo el año, la inflación podría subir un punto porcentual y el crecimiento retroceder entre 0,25 y 0,4 puntos porcentuales.

Los mercados aún no han entrado en pánico sistémico, lo que refleja la expectativa de que el Estrecho de Ormuz siga siendo técnicamente navegable y que los flujos energéticos puedan normalizarse con relativa rapidez si los enfrentamientos se estabilizan. La variable decisiva es la duración: una disrupción de días puede ser manejable; una que se extienda por semanas tensará los mercados globales de manera significativa.

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