La inteligencia artificial está transformando el comercio global, pero su potencial como motor de crecimiento inclusivo choca con una realidad geopolítica: la competencia por el liderazgo tecnológico se ha intensificado tanto que hace prácticamente imposible la cooperación multilateral para establecer normas globales sobre IA.
Tres impactos sobre el comercio
El efecto de la IA en el comercio se agrupa en tres categorías: crecimiento de cadenas de suministro tecnológicas, automatización de procesos comerciales, y expansión del intercambio de productos impulsados por IA.
Taiwán ilustra el primer impacto. En septiembre de 2025, sus exportaciones alcanzaron 70.200 millones de dólares, un incremento interanual del 30,5% impulsado por productos relacionados con IA. Su economía creció cerca del 6% en 2025, superando previsiones previas. Corea del Sur experimenta ganancias similares en el mercado de chips de memoria para IA.
La IA también reduce fricciones comerciales. En DHL, el análisis predictivo ha reducido demoras y costos mediante gestión de inventarios y optimización de rutas. Las pequeñas y medianas empresas, que subutilizan acuerdos comerciales por su limitada capacidad administrativa, podrían beneficiarse desproporcionadamente al automatizar tareas de cumplimiento normativo.
Además, impulsa nuevos mercados. El sector chino de juguetes con IA alcanzó 24.600 millones de yuanes en 2024 y se calcula que en 2025 llegará a 29.000 millones. En servicios, al reducir costos de asesoría legal y otros, la IA podría generar un aumento en ventas transfronterizas comparable al efecto que tuvo la integración de China al sistema comercial global en los años noventa.
La batalla por cinco recursos críticos
El liderazgo en IA depende del acceso a cinco elementos clave:
Semiconductores: La industria más politizada de la economía global. Las exportaciones de circuitos integrados superaron el billón de dólares en 2024, representando el 4% del comercio mundial de bienes. El impulso de China y Estados Unidos hacia la autosuficiencia podría bifurcar los sistemas de producción globales.
Datos: Los modelos de IA requieren conjuntos masivos de datos de alta calidad. Quienes los controlan pueden entrenar los modelos más capaces. Sin embargo, establecer la titularidad plantea desafíos fundamentales. El GDPR europeo y la Ley de Seguridad Nacional china ejemplifican las barreras emergentes al flujo transfronterizo de información.
Electricidad: La IA consume tanta electricidad como el Reino Unido. Para 2030, podría alcanzar el consumo de Japón. La disponibilidad de energía barata determina la ubicación de centros de datos, posicionando a Medio Oriente competitivamente. Los países reducen regulaciones ambientales para no quedar rezagados.
Agua: Factor clave en la ubicación de centros de datos. Las protestas crecen en zonas afectadas por sequía, empujando empresas hacia países con regulaciones laxas. La escasez de agua es una debilidad crítica de China, cuyos proyectos de gestión hídrica conllevan sensibilidades geopolíticas con países vecinos.
Minerales críticos: La expansión de redes eléctricas requiere cobre, aluminio, tierras raras, níquel, cobalto y litio. Los semiconductores demandan silicio, germanio, galio, indio y arsénico. Esta dependencia intensifica la competencia por recursos estratégicos.
Un futuro comercial bifurcado
Estados Unidos y China permanecerán dependientes del comercio internacional para semiconductores y minerales críticos durante años. Sin embargo, el impulso hacia la autosuficiencia podría bifurcar la economía global en bloques competidores vinculados a distintos líderes de IA, con sistemas definidos por tecnologías y estándares éticos divergentes. La inteligencia artificial simultáneamente expandirá el volumen del comercio y lo fragmentará, acentuando la tendencia de que ocurra dentro de esferas de influencia mientras amplía la variedad de productos comercializables entre fronteras.