La Cámara de Comercio Internacional (ICC, por su sigla en inglés) lanzó una advertencia contundente sobre el estado del sistema de comercio global. En el marco de un foro empresarial conjunto con la Organización Mundial del Comercio, el Secretario General de la organización instó a los gobiernos a tomar medidas decisivas para evitar una mayor inestabilidad económica y el deterioro irreversible de las bases del comercio internacional.
En su intervención, el funcionario calificó la crisis en el Estrecho de Ormuz como un shock severo para la economía real, y describió la situación como potencialmente la peor crisis industrial que el mundo empresarial recuerde. El alza en los precios de la energía y las interrupciones en la producción industrial por falta de gas y otros insumos críticos ya llevaron a grandes empresas a invocar cláusulas de fuerza mayor en sus contratos de suministro y a recortar su producción. Las cadenas de valor de la energía, la química y otros sectores esenciales acusan el impacto.
La ICC también advirtió sobre un riesgo concreto para la seguridad alimentaria mundial. Las disrupciones en el comercio de fertilizantes amenazan la próxima temporada agrícola: los agricultores de África y otras regiones enfrentan escasez de insumos y precios en alza que podrían derivar en una menor aplicación de nutrientes y, en consecuencia, en una caída significativa de los rendimientos agrícolas. El Secretario General se sumó a una iniciativa de crisis de Naciones Unidas para la región, transmitiendo el mensaje del sector privado: solo una respuesta internacional concertada puede evitar una dislocación económica profunda.
Más allá de la emergencia inmediata, la ICC advirtió que el entorno comercial actual ya no guarda parecido con el sistema basado en reglas que durante décadas aportó estabilidad y crecimiento. Ese sistema viene erosionándose desde la crisis financiera de 2008, sin que haya habido un impulsor político de su reforma durante casi dos décadas. Las funciones de negociación, solución de controversias y deliberación de la OMC se encuentran paralizadas, mientras que el consenso entre sus miembros sobre el propósito mismo del sistema se ha fragmentado.
La incertidumbre en la política comercial alcanzó niveles diez veces superiores al promedio de la última década. La proporción del comercio mundial que se realiza bajo los principios fundacionales de la OMC cayó de manera significativa en los últimos dos años. Para las empresas, esta realidad erosiona la estabilidad y la previsibilidad que necesitan para comerciar, invertir y generar empleo. Las tensiones geopolíticas están rediseñando las cadenas de suministro, y la gestión del riesgo reemplaza a la búsqueda de oportunidades como paradigma dominante de planificación. Esta situación es especialmente crítica para las pequeñas y medianas empresas, que cuentan con menos recursos para navegar la incertidumbre.
La ICC advirtió que la inacción en la actual conferencia ministerial de la OMC no preservará el status quo sino que consolidará la disfunción del sistema, que se deteriora mes a mes. Un estudio encargado por la organización indica que una eventual disolución de la OMC reduciría de forma permanente el PIB de los países en desarrollo en proporciones significativas, con regiones enteras enfrentando pérdidas aún mayores. Esas cifras representan empleos, medios de vida y décadas de avances en desarrollo.
Ante ese escenario, la ICC llamó a abrir una ronda formal de negociaciones de reforma con un programa de trabajo concreto y con plazos definidos. La reforma debe atacar los bloqueos sistémicos en la toma de decisiones, los acuerdos plurilaterales y las disposiciones de trato especial. La organización también abogó por soluciones creativas, como esquemas de geometría variable, y planteó que si el consenso resulta imposible, una coalición de miembros dispuestos debería liderar el proceso en un formato abierto.
El sector empresarial global también pidió una moratoria sobre nuevas medidas comerciales restrictivas que violen las normas de la OMC durante el período de negociaciones reformistas, como señal de buena fe. En particular, la ICC instó a volver permanente la moratoria sobre aranceles aduaneros a las transmisiones electrónicas, vigente desde hace más de 25 años. Esa medida mantuvo el comercio digital abierto y accesible, permitiendo a pequeñas empresas de todo el mundo acceder a servicios en la nube y plataformas digitales.
Más de 230 cámaras y asociaciones empresariales de todas las regiones del mundo firmaron una declaración conjunta dirigida a los ministros de la OMC, expresando una preocupación colectiva y una voluntad común de actuar. La ICC propuso integrar la participación estructurada del sector privado directamente en el proceso de reforma, no como observadores sino como usuarios finales del sistema, y establecer un mecanismo permanente de diálogo empresarial en el seno de la organización.

