La IA profundizará la brecha entre ricos y pobres, advierte el CEO de BlackRock

Larry Fink, al frente de la mayor gestora de activos del mundo, alerta en su carta anual a inversores que la inteligencia artificial concentrará la riqueza.
24/03/2026
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IA profundiza brecha entre ricos y pobres
IA profundiza brecha entre ricos y pobres

Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock —la gestora de fondos más grande del mundo, con más de 14 billones de dólares en activos— volvió a sacudir los mercados financieros con su carta anual a los inversores. Esta vez, el mensaje va más allá de los rendimientos y los portafolios: Fink advierte que el auge de la inteligencia artificial podría convertirse en el mayor motor de desigualdad económica de las próximas décadas.

En su análisis, Fink traza un paralelismo con la historia económica reciente: así como en el pasado los mayores beneficiarios de la creación de riqueza fueron quienes ya poseían activos financieros, la revolución de la IA repite ese patrón, pero a una escala sin precedentes. La tecnología generará valor económico de forma masiva, pero ese valor quedará capturado principalmente por empresas e inversores con los recursos para participar en él.

«Cuando la capitalización de mercado aumenta, pero la propiedad sigue siendo reducida, la prosperidad puede parecer cada vez más lejana para quienes están fuera.»

La observación tiene un peso particular viniendo de quien lidera la firma que más se ha beneficiado de la democratización de los fondos indexados de bajo costo. BlackRock construyó su hegemonía precisamente sobre la premisa de hacer accesible la inversión a millones de personas. Ahora, su CEO reconoce que la próxima ola tecnológica podría revertir esa lógica.

Fink no desestima el potencial transformador de la IA en el mercado laboral: habrá destrucción de empleos, pero también creación de otros nuevos. El problema, en su visión, no es el desempleo estructural sino la exclusión patrimonial. Miles de personas quedarán al margen de las ganancias generadas por la tecnología, no porque no trabajen, sino porque no tienen acceso a los instrumentos que capturan ese valor.

Reformar las pensiones como primera respuesta

Frente a ese escenario, Fink propone la democratización de la inversión como antídoto, aunque reconoce que convertir a la población en inversores de largo plazo es al mismo tiempo un desafío y una oportunidad. Su propuesta más concreta apunta al sistema de Seguridad Social estadounidense, que considera urgente reformar antes de que sus promesas a los ahorradores comiencen a deteriorarse.

La reforma que imagina incluye diversificar las inversiones del fondo —actualmente concentradas en bonos del Tesoro de Estados Unidos— hacia activos con mayor potencial de retorno. Además, plantea que los ciudadanos puedan acceder a sus prestaciones desde los 62 años, y que quienes nacieron después de 1960 alcancen la jubilación plena a los 67.

La carta llega en un momento en que BlackRock está apostando fuerte por el mismo ecosistema que genera la preocupación de su CEO. El año pasado, la firma adquirió Aligned Data Centers por unos 40.000 millones de dólares —una de las mayores operaciones en infraestructura de la historia reciente— y cerró compras estratégicas en crédito privado e infraestructura global que sumaron cerca de 28.000 millones adicionales. Hoy, BlackRock avanza en alianzas con empresas tecnológicas líderes para invertir en IA, centros de datos y generación de energía para alimentarlos.
La paradoja es evidente: Fink alerta sobre la concentración de la riqueza que genera la IA mientras BlackRock se posiciona para ser uno de sus principales beneficiarios. La diferencia, argumenta, está en si el sistema logra ampliar el círculo de quienes participan de esas ganancias. Por ahora, esa sigue siendo una pregunta sin respuesta.

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