Shell encendió las alarmas esta semana en la conferencia CERAWeek by S&P Global, celebrada en Houston. Su consejero delegado, Wael Sawan, advirtió que Europa podría comenzar a sentir tensiones de suministro energético ya el próximo mes si las alteraciones provocadas por la crisis en Oriente Medio no remiten. La seguridad energética, sostuvo Sawan, ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en un elemento central de la seguridad nacional.
La alerta no apunta a una falta inmediata de petróleo crudo, sino a los productos refinados: queroseno, diésel y, en menor medida, gasolina. La advertencia llega en un momento particularmente delicado, justo antes del incremento estacional de la demanda que acompaña al verano en el hemisferio norte. Según Sawan, el impacto ya se está dejando sentir en el sur y sureste asiático, y los efectos podrían alcanzar a Europa a partir de abril. Alemania, de hecho, ya ha trasladado señales de posible escasez energética para finales de ese mes o mayo.
El epicentro del problema es el Estrecho de Ormuz, una de las arterias más críticas del sistema energético mundial. Por ese corredor transita aproximadamente el 20% de los flujos globales de petróleo y gas natural licuado. Las disrupciones en el transporte marítimo y los daños en infraestructuras clave de la región están alterando la cadena de suministro internacional, con consecuencias que se propagan desde el Golfo Pérsico hacia los mercados asiáticos y europeos.
El tono de la intervención de Sawan refleja un cambio de fondo en el debate energético global. Tras años en que la conversación estuvo dominada por la descarbonización, las energías renovables y la electrificación, la guerra y el deterioro geopolítico han devuelto al primer plano cuestiones más básicas: la resiliencia del sistema, la diversificación del suministro y la capacidad de los gobiernos para responder a crisis de abastecimiento. La industria vuelve a reivindicar que la política energética no puede desvincularse de la estrategia de seguridad de los Estados.
Shell también dejó entrever que este nuevo escenario está reconfigurando sus planes de inversión. La compañía confirmó que estudia oportunidades de desarrollo de gas y petróleo en Venezuela y que evalúa posibles aprobaciones de proyectos antes de finales de año, condicionadas siempre al marco legal y fiscal vigente. La apuesta responde a una lógica clara: en un mercado cada vez más expuesto a sobresaltos geopolíticos, abrir nuevas fuentes de suministro se ha vuelto tan urgente como rentable.

