Estados Unidos y México iniciaron la revisión formal del T-MEC

La renovación del acuerdo —que definiría su vigencia hasta 2042— depende de que las partes lleguen a un entendimiento.
20/03/2026
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revisión formal del T-MEC
revisión formal del T-MEC

El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, se reunieron en Washington para dar inicio a la primera ronda de conversaciones técnicas de cara a la revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La cita, que transcurrió sin sobresaltos públicos, marcó el comienzo formal de un proceso que determinará si el acuerdo comercial más importante de América del Norte se renueva por dieciséis años adicionales o queda sujeto a revisiones anuales indefinidas.

Según el comunicado oficial de la USTR, los equipos técnicos recibieron instrucciones de evaluar opciones concretas para aumentar la producción y el empleo manufacturero tanto en Estados Unidos como en México, al tiempo que se reduce la dependencia de insumos provenientes de economías no regionales —una referencia apenas velada a China. Los negociadores también deberán reforzar las reglas de origen y la seguridad de las cadenas de valor norteamericanas. Las reuniones técnicas, que habían comenzado la semana del 16 de marzo, continuarán con una periodicidad regular.

México apuesta por la modernización, no la reapertura

Desde el lado mexicano, Ebrard comentó que las conversaciones abordaron la industria automotriz, los aranceles vigentes, los minerales críticos y la seguridad de las cadenas de suministro. La estrategia de la delegación mexicana —avalada por la presidenta Claudia Sheinbaum— apunta a garantizar la permanencia del acuerdo, evitar que el proceso derive en revisiones anuales y avanzar hacia la eliminación arancelaria regional. El sector privado mexicano, que respaldó en un 84% el impacto positivo del T-MEC en consultas realizadas en los 32 estados del país, comparte ese diagnóstico: prefiere modernizar el acuerdo antes que abrir sus capítulos sustantivos.

En paralelo, México y Canadá coordinan posiciones. Ebrard y el ministro canadiense Dominic LeBlanc anunciaron un plan de acción conjunto que incorpora elementos de la revisión del T-MEC, con intención de presentarlo a sus líderes en la primera mitad del año. Las negociaciones, no obstante, comenzaron de forma bilateral, con Canadá sumándose en una etapa posterior.

Contexto espinoso: aranceles, energía y el factor China

La administración Trump impuso en marzo de 2025 aranceles del 25% sobre mercancías mexicanas que no cumplen los requisitos del T-MEC, además de gravámenes específicos sobre acero, aluminio y vehículos. El propio Trump llegó a declarar públicamente que el tratado le resulta «irrelevante» y que no lo renueva sin cambios profundos. 

A eso se suman investigaciones bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974 que la USTR lanzó en días recientes contra un amplio abanico de economías con capacidad exportadora excedentaria, entre las que figura también México. La incertidumbre sobre el resultado final llevó a algunos analistas a especular con que la ratificación podría retrasarse hasta fines de 2026 o incluso 2027, ya pasadas las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.

Un marco en juego: renovación o ciclo interminable

El T-MEC entró en vigor el 1° de julio de 2020 para reemplazar al TLCAN. Según sus propias cláusulas, la primera revisión conjunta debe concluir este año: si los tres países acuerdan renovarlo, su vigencia se extendería hasta 2042; de no haber consenso, se activarán revisiones anuales hasta que las partes alcancen un acuerdo o el tratado expire en 2036. En 2025, el comercio bilateral entre Estados Unidos y México superó los 870.000 millones de dólares, un récord histórico, lo que ilustra la magnitud de lo que está sobre la mesa.

Para analistas como Antonio Ortiz, del Comité Técnico México-USMCA del COMCE, México tiene ventajas en este proceso: en un escenario en que Washington se aparta crecientemente de las reglas de la OMC, el acceso preferencial que ofrece el T-MEC es un activo que pocos socios comerciales pueden igualar. La apuesta mexicana es convertir esa ventaja en un argumento negociador y salir del proceso con un acuerdo renovado, no con un calendario de revisiones que perpetúe la incertidumbre para inversores y operadores de cadenas de valor.

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