Cuando un consumidor en Buenos Aires, Ciudad de México o Lima abre una aplicación y compra una remera a precio de liquidación con entrega en pocos días, del otro lado de esa transacción hay un fabricante en Guangzhou, una plataforma algorítmica en Shanghái y un operador logístico que nunca pisó América Latina. La escena se repite millones de veces cada semana y su efecto acumulado ya sacude los cimientos del comercio regional.
El comercio electrónico en América Latina atraviesa un momento de expansión sin precedentes. Según proyecciones recientes, el mercado regional podría superar los 205.000 millones de dólares en los próximos años, con tasas de crecimiento anual que oscilan entre el 17 y el 25 por ciento según el país. Brasil, México y Argentina encabezan el volumen, pero Colombia, Perú y Chile muestran los ritmos de aceleración más pronunciados. En ese ecosistema en ebullición, la irrupción de plataformas chinas de oferta masiva y bajo costo no fue gradual sino abrupta.
Temu, la aplicación de comercio electrónico del grupo chino PDD Holdings, incrementó en un 143 por ciento sus usuarios activos mensuales en América Latina durante la primera mitad de 2025, alcanzando los 105 millones de cuentas según datos de la consultora Sensor Tower. Shein, por su parte, construyó en pocos años una presencia dominante en el segmento de indumentaria, con una inversión publicitaria digital que en México representó más del 20 por ciento del total del sector en 2023. El desembarco fue silencioso en sus primeras etapas pero estruendoso en sus consecuencias.
Las cifras más duras llegan desde Argentina, donde la desregulación comercial impulsada desde fines de 2023 abrió una ventana que muchos describieron como irreversible. Según el Observatorio de Importaciones de la Asociación para la Pequeña y Mediana Empresa de Santa Fe, las importaciones vía courier —categoría que incluye las compras a través de Shein y Temu— acumularon 746 millones de dólares entre enero y octubre de 2025, frente a los 221 millones registrados en el mismo período del año anterior: un salto del 237 por ciento en apenas diez meses. El informe, titulado Made in China, documentó además pérdida de empleo y cierre de empresas en sectores que van desde el textil hasta la línea blanca, pasando por muebles y juguetes.
La alarma no llegó solo desde las cámaras empresariales. Juan Martín de la Serna, CEO de Mercado Libre Argentina, utilizó el foro anual de la consultora Abeceb para articular una advertencia que resonó en toda la región. Las pequeñas y medianas empresas representan el 90 por ciento de los vendedores dentro del ecosistema de Mercado Libre, explicó, y son ellas las que absorben el impacto más directo de la competencia asiática. «Cuando se abre el mercado indiscriminadamente y una empresa china te manda productos por barco, en realidad se está dando trabajo a compañías chinas, no a los argentinos», afirmó el ejecutivo, que diferenció este fenómeno de la presión que históricamente ejerció Amazon: «Amazon nos forzó a mejorar. Estas empresas asiáticas, en general, venden productos de baja calidad».
La distinción no es menor. El debate en torno a la oferta online internacional y su impacto sobre las pymes latinoamericanas contiene una paradoja estructural: las mismas herramientas digitales que deberían democratizar el acceso al mercado global para los pequeños negocios también abren la puerta a competidores con estructuras de costo imposibles de replicar localmente. Un fabricante textil de Guadalajara o un vendedor de electrodomésticos en Rosario no pueden competir en precio con un proveedor chino que opera con subsidios estatales implícitos, logística a escala continental y cero obligaciones fiscales locales.
El problema de la preparación financiera agrava el cuadro. Según un estudio de Payoneer, el 80 por ciento de las pymes latinoamericanas carece de herramientas para gestionar la volatilidad cambiaria, un dato que vuelve particularmente difícil cualquier estrategia de internacionalización activa. Al mismo tiempo, el 69 por ciento no tiene capacidad de pagar a empleados o colaboradores en múltiples países, lo que limita severamente su margen de maniobra en un entorno donde la expansión digital debería ser la vía natural de crecimiento.
Frente a ese diagnóstico, las respuestas en la región son heterogéneas y, en muchos casos, insuficientes. Algunos gobiernos evalúan endurecer controles aduaneros y exigir a las plataformas extranjeras el mismo tratamiento fiscal que se aplica al comercio local. Brasil avanzó en esa dirección con medidas específicas para el comercio transfronterizo. En México, el debate legislativo comenzó a incorporar la dimensión del e-commerce internacional como variable de política industrial. En Argentina, el propio ecosistema de Mercado Libre respondió con una jugada estratégica: la apertura de un centro logístico en China para competir con mayor eficiencia en el comercio de productos transfronterizos.
Pero la presión regulatoria tiene sus propios riesgos. Los expertos advierten que restricciones excesivas pueden perjudicar al consumidor, que en contextos de alta inflación y poder adquisitivo deteriorado encuentra en las plataformas chinas una válvula de acceso a bienes que de otro modo quedarían fuera de su alcance. El dilema es político tanto como económico: proteger la producción y el empleo local sin cerrar las puertas de una economía digital que, bien gestionada, podría ser un motor de desarrollo.
En ese sentido, el comercio electrónico también representa una oportunidad real para las pymes que logran subirse a la ola. El uso de billeteras digitales creció un 35 por ciento en la región desde el año 2020, y la adopción de herramientas de inteligencia artificial para personalización y atención al cliente comienza a estar al alcance de empresas medianas con recursos limitados. Plataformas como Mercado Libre, con toda su complejidad estratégica, siguen siendo canales de acceso a mercados que serían inaccesibles para una pyme sin presencia digital.
El verdadero desafío para las pequeñas y medianas empresas latinoamericanas es encontrar el nicho de diferenciación que ningún algoritmo chino pueda replicar. La cercanía con el cliente, el conocimiento del mercado local, la capacidad de ofrecer servicios postventa y la identidad cultural de los productos son activos que las pymes tienen y que Temu o Shein no pueden comprar.

