El Año Nuevo chino, que arrancó el 17 de febrero, llegó esta vez sin buenas noticias para los cereceros chilenos. Los precios de la cereza, uno de los frutos más codiciados durante la festividad lunar, cayeron cerca de un 7% respecto a la temporada anterior, según datos preliminares de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA). El diagnóstico es contundente: Chile exportó unas 98 millones de cajas de cinco kilos cada una, un volumen que superó con creces lo que China estaba dispuesta a absorber.
«Los precios de oro se acabaron», sentencia Antonio Walker, presidente de la SNA y exministro de Agricultura. La frase resume el fin de un ciclo extraordinario que transformó a Chile en uno de los líderes mundiales en exportación de cerezas. Hace apenas una década, el país enviaba 70 toneladas al mercado chino. Hoy esa cifra se ha multiplicado por siete, pero el crecimiento explosivo del volumen ya no va acompañado de retornos equivalentes.
Demasiada fruta, demasiado pronto
El problema no fue solo de cantidad, sino también de timing. La cosecha se adelantó diez días por cambios meteorológicos, lo que provocó una avalancha de fruta en los frigoríficos chinos semanas antes de que comenzara la celebración del Año Nuevo. El mercado no pudo digerir tanta oferta en tan poco tiempo, y los precios se resintieron desde el inicio de la temporada.
Jorge Valenzuela, director de Fedefruta, estima que el exceso exportado rondó el 30%. «Quizás con un Año Nuevo más temprano el sistema habría sido capaz de absorber toda esa fruta. Pero hay un tercio adicional que el mercado no está tomando, ya sea por calidad, por condición varietal o por la propia economía china. Son muchos factores», explica.
A eso se sumó un error de cálculo colectivo. Fedefruta había recomendado a los agricultores realizar podas más fuertes para reducir el volumen y mejorar la calidad del producto. Pero en plena temporada cundió el pánico: se creyó que habría menos fruta de la estimada y muchos productores comenzaron a embalar cerezas de calibres que el consumidor chino simplemente no quiere. «Se produjo una psicosis», admite Víctor Catán, presidente de Fedefruta, quien advierte que este 2026 algunos productores no lograrán cubrir siquiera sus costos operativos.
El consumidor chino aprieta el bolsillo
El contexto macroeconómico tampoco ayuda. Aunque China creció un 5% en 2025, la incertidumbre global está llevando a los consumidores a ser más selectivos con el gasto en productos premium, categoría en la que se ubica la cereza chilena. «Existen señales económicas complejas a nivel global», advierte Catán, y esas señales se sienten en las góndolas de Shanghái y Pekín.
China concentra el 87% de las exportaciones de cerezas chilenas, una dependencia que hoy se percibe como una vulnerabilidad estructural. La ministra de Agricultura, María Ignacia Fernández, asegura que la caída en los precios no compromete el desempeño macroeconómico general del país —las exportaciones totales alcanzaron un récord de 107.004 millones de dólares en 2025—, pero reconoce que el impacto es real en las economías rurales y en el empleo agrícola de las regiones productoras.
Un ajuste, no un colapso
Los actores del sector se resisten a hablar de crisis estructural. Valenzuela recuerda que la manzana, la uva de mesa y el kiwi atravesaron procesos similares en el pasado y lograron reposicionarse. «Chile es el mayor productor de cerezas del hemisferio sur. Tenemos las condiciones climáticas óptimas y, aunque lo que está sucediendo no es un problema estructural, sí tiene que ocurrir un ajuste productivo y varietal», sostiene.
La hoja de ruta ya está sobre la mesa: apostar por las variedades más valoradas en China —Santina, Lapins, Royal Dawn y Black Rock—, mejorar la calidad y, sobre todo, reducir la dependencia de un único mercado. Estados Unidos, India y Europa aparecen como destinos prioritarios en la estrategia de diversificación.
«No basta con crecer en volumen, también hay que crecer en sofisticación comercial, en atributos de calidad y en valor agregado», resume la ministra Fernández. Una lección que la industria de la cereza chilena aprendió este verano austral a un precio más alto de lo esperado.