La industria alimentaria del Reino Unido atraviesa uno de sus momentos más delicados en el frente externo. Según el último relevamiento semestral de la Food and Drink Federation (FDF), elaborado sobre datos de aduanas (HMRC), el país exportó alimentos y bebidas por 4.000 millones de kilos entre enero y junio, un 11,7% menos que en el mismo período de 2025. Se trata del tercer registro más bajo del siglo, apenas por encima de los mínimos alcanzados durante el pico de la pandemia y tras el brote de fiebre aftosa de 2001.
En valor, los despachos sumaron 12.400 millones de libras, con una baja interanual del 3,4%. La contracción en volumen, bastante más pronunciada que la caída en valor, sugiere que los exportadores británicos están vendiendo menos mercadería a precios más altos, una dinámica que refleja tanto la inflación de costos como la pérdida de mercados.
Del otro lado de la balanza, las compras externas siguieron firmes: el volumen importado alcanzó 19.100 millones de kilos, el segundo más elevado de la serie y solo superado por el primer semestre del año pasado. El resultado es un déficit comercial sectorial de 21.100 millones de libras, el más amplio desde el año 2000.
Europa: el costo persistente de salir del mercado único
Las ventas a la Unión Europea, principal destino de la producción británica, retrocedieron 0,9% en valor y profundizaron una tendencia descendente. Los dos mercados más importantes del bloque para el Reino Unido registraron caídas: Irlanda, del 4,9%, y Francia, del 4,6%. La FDF atribuye el deterioro a los costos adicionales y la complejidad administrativa que impuso el Brexit, agravados por una aplicación dispar de las normas sanitarias y aduaneras entre los distintos Estados miembro.
El horizonte de alivio pasa por el acuerdo sanitario y fitosanitario (SPS) que Londres y Bruselas negocian desde el relanzamiento de la relación bilateral en mayo de 2025. El entendimiento eliminaría la mayoría de los certificados sanitarios de exportación y los controles fronterizos de rutina, a cambio de que el Reino Unido se alinee dinámicamente con la normativa europea. El Gobierno británico apunta a que entre en vigor a mediados de 2027, aunque la industria reclama plazos razonables para adaptarse a un cambio regulatorio de esa magnitud.
Fuera de Europa: guerra en Medio Oriente y aranceles estadounidenses
El golpe fue aún mayor en los mercados extracomunitarios, donde las exportaciones cayeron 6,9% en valor. Buena parte de la retracción se explica por el conflicto con Irán, que desarticuló las rutas y la demanda en Medio Oriente: los envíos a Emiratos Árabes Unidos se desplomaron 23,4%.
Estados Unidos, por su parte, se convirtió en otro foco de pérdida. El arancel del 10% que Washington aplica a los productos británicos redujo 16,5% el valor de las ventas de alimentos y bebidas a ese mercado. La federación advierte que el cuadro podría empeorar, ya que la última ronda de medidas arancelarias estadounidenses dejó a los productores de la Unión Europea en una posición relativamente más ventajosa que la de sus competidores británicos.
Una brecha que se ensancha desde adentro
La industria sostiene que el problema no se limita al contexto externo. Las importaciones desde fuera de la UE crecieron 22% en volumen respecto del primer semestre de 2023, tras la flexibilización de los controles sobre productos provenientes del resto del mundo. A eso se suma la suspensión, en el transcurso de este año, de aranceles sobre una gama de alimentos manufacturados, una decisión que, según el sector, mejora el acceso de los competidores al mercado británico en lugar de fortalecer a los productores locales. La FDF propone, en cambio, reducir los aranceles sobre los insumos que utiliza la industria y no sobre los productos terminados.
El entorno de negocios también pesa. Los altos costos de energía y de cumplimiento regulatorio, junto con la incertidumbre en materia de políticas públicas, restan atractivo al Reino Unido como destino de inversión. Un estudio de la Confederación de la Industria Británica (CBI) estimó que la carga de impuestos y regulaciones de envases sobre los fabricantes de alimentos y bebidas rondó los 10.000 millones de libras en 2025, equivalente al 23,8% del valor agregado bruto del sector.
Seguridad alimentaria, el nuevo eje del debate
La conducción de la FDF planteó que un déficit de estas dimensiones, en un escenario internacional atravesado por conflictos y por los efectos crecientes del cambio climático, abre interrogantes serios sobre la seguridad alimentaria del país. La entidad remarcó que la suba generalizada de costos, desde la energía y los ingredientes hasta la logística, el packaging y la mano de obra, sumada a una regulación cambiante, está erosionando la competitividad de las empresas británicas tanto en el mercado interno como en el exterior.
La Unión Nacional de Agricultores (NFU) coincidió en el diagnóstico y calificó las cifras como una señal de alarma: en un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, sostuvo, el país no puede dar por garantizada su capacidad productiva. Ambas organizaciones reclamaron al Gobierno un plan de largo plazo que respalde la producción nacional, bajo la premisa de que una industria manufacturera sólida depende de un sector agrícola igualmente fuerte, y de que la seguridad alimentaria es, en última instancia, una cuestión de seguridad nacional.


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