El déficit comercial agrícola de los Estados Unidos se reducirá más de lo previsto durante el año fiscal 2026, según informó el subsecretario de Comercio y Asuntos Agrícolas Exteriores, Luke Lindberg, ante la Cámara de Representantes este miércoles. La declaración refuerza una tendencia que la administración Trump atribuye directamente a su política comercial.
El mes pasado, la Secretaría de Agricultura, Brooke Rollins, ya había anticipado que el déficit proyectado para el ejercicio fiscal en curso se ubicaría en torno a los 37.000 millones de dólares, un descenso sustancial respecto al récord histórico de 43.700 millones de dólares registrado en el ejercicio fiscal 2025. Ahora, Lindberg fue más allá y señaló que incluso esa cifra podría revisarse a la baja.
Tanto Rollins como Lindberg han responsabilizado a la gestión de Joe Biden por la profundización del desequilibrio en los últimos años. Según los funcionarios, las medidas adoptadas por la actual administración —que incluyen la renegociación de acuerdos comerciales, la aplicación de aranceles selectivos y una mayor presión sobre socios estratégicos— comenzarían a mostrar resultados tangibles en los flujos de exportación del sector agropecuario.
Un sector bajo presión
El déficit agrícola ha sido uno de los flancos más sensibles del comercio exterior estadounidense en el período reciente. La brecha récord del ejercicio 2025 reflejó, entre otros factores, el encarecimiento de las importaciones de alimentos procesados, frutas tropicales y bebidas, junto con una caída relativa de las exportaciones de granos y oleaginosas en algunos mercados clave.
El testimonio de Lindberg se produjo en el marco de las audiencias presupuestarias ante los subcomités de asignaciones de la Cámara, donde el Departamento de Agricultura (USDA) presentó sus proyecciones para el año en curso. Los legisladores pusieron especial atención en los efectos de los aranceles sobre las cadenas de abastecimiento y la competitividad de los productores rurales estadounidenses en los mercados internacionales.
La mejora proyectada en el balance agrícola se enmarca en una estrategia más amplia de la Casa Blanca para reducir los déficits comerciales sectoriales, que ha incluido presiones sobre la Unión Europea, México, Canadá y varios países asiáticos para ampliar sus compras de productos agropecuarios norteamericanos.
