El más reciente Economic Survey de la OCDE sobre México, llega en un momento de particular tensión geoeconómica. Sus diagnósticos no solo retratan a México, sino que funcionan como espejo de desafíos compartidos por gran parte de América Latina.
El peso de Washington
El informe abre con una constatación que ningún análisis regional puede eludir: la economía mexicana está siendo «significativamente afectada» por la incertidumbre global y, en particular, por los cambios en la política comercial de Estados Unidos. Para México, con más del 80% de sus exportaciones dirigidas al norte, esto no es ruido de fondo sino el centro del problema. El freno al crecimiento en 2025 fue amortiguado por el consumo privado y las exportaciones no automotrices, lo que sugiere una diversificación incipiente pero insuficiente.
Esta dependencia estructural de un único socio comercial es una lección de política económica para toda la región: la integración sin diversificación es una vulnerabilidad disfrazada de oportunidad.
Dos décadas perdidas de productividad
Uno de los puntos más duros del informe es su referencia a «dos décadas de desempeño modesto». México creció, pero no se transformó. Esta es quizás la advertencia más relevante para países como Argentina, Colombia o Perú: el crecimiento sin reformas estructurales en productividad, formalidad laboral y competencia sectorial termina siendo estéril.
La OCDE identifica como salida la inversión en activos que potencien la productividad —financiada con mayor recaudación fiscal— en lugar del gasto corriente. Una distinción que muchos gobiernos latinoamericanos evitan hacer por razones políticas de corto plazo.
Informalidad, género y capital humano
El informe señala que la informalidad laboral «sigue siendo generalizada» y que expandir el acceso a educación y cuidado infantil de calidad es clave para incorporar a más mujeres al mercado formal. Este vínculo —entre cuidados, género e informalidad— es subvalorado en los debates de política pública regionales, donde frecuentemente se tratan como agendas separadas.
Para países como Argentina o Brasil, donde la informalidad oscila entre el 40% y el 50% de la fuerza laboral, esta perspectiva integrada ofrece un marco más realista que las soluciones sectoriales aisladas.
Crimen, inversión y Estado
La mención explícita al crimen como «preocupación mayor para empresas y ciudadanos» y obstáculo directo a la inversión es notable viniendo de un organismo técnico como la OCDE. En América Latina, donde la inseguridad deteriora sistemáticamente el clima de negocios, este reconocimiento debería reforzar la urgencia de tratarla como política económica, no solo como política de seguridad.
Clima y energía: la apuesta renovable
México se comprometió a alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. El informe destaca su «considerable potencial de energía renovable» aún sin explotar. En este punto, el contraste con economías como Chile —que avanza más decididamente en transición energética— resulta ilustrativo. La región tiene los recursos; lo que escasea es la arquitectura regulatoria y la inversión pública que los desbloquee.
Digitalización: oportunidad con obstáculos conocidos
El capítulo especial del informe está dedicado a la digitalización. Los desafíos identificados —alta concentración en telecomunicaciones móviles, baja adopción digital entre empresas, vulnerabilidades en ciberseguridad y déficit de habilidades digitales— son prácticamente idénticos a los que enfrentan Colombia, Argentina o Perú.
La concentración de mercado en telecomunicaciones es particularmente relevante: sin competencia real, el acceso asequible a conectividad seguirá siendo un privilegio, no un insumo productivo universal.
El informe de la OCDE sobre México 2026 es, en el fondo, un diagnóstico sobre latinoamérica que resalta: la dependencia comercial excesiva, la informalidad estructural, las brechas de productividad, la presión fiscal sin base de inversión, y una transición digital que avanza más lento que la retórica oficial.
