Después de años tambaléandose bajo el peso de la competencia asiática subsidiada, los altos costos energéticos y una sobreproducción que parecía no tener fin, la industria del acero europea vuelve a respirar. El aire que inhala ahora es distinto: viene cargado de protección arancelaria, inversiones verdes y, por primera vez en mucho tiempo, de esperanza. Son 2,6 millones de empleos los que dependen de que este gigante industrial se mantenga en pie.
Un muro arancelario contra la avalancha asiática
Bruselas ha decidido jugar duro. La Comisión Europea duplicará los aranceles sobre las importaciones de acero del 25% al 50% a mediados de 2026. Las cuotas de importación libre de aranceles se reducirán un 47%, quedando limitadas a 18,3 millones de toneladas al año. Europa cierra las compuertas ante la inundación de acero barato, especialmente el que proviene de China, que produce más de 1.000 millones de toneladas anuales.
«La propuesta es ambiciosa y muy necesaria», afirma Carola Hermoso, directora general de Unesid. «Restablece un marco de competencia justa, impulsa la utilización de la capacidad productiva y ofrece estabilidad a las inversiones».
Los precios suben, las bolsas responden
El sector tocó fondo en 2025, pero ahora los analistas ven luz. Jefferies proyecta que las bobinas laminadas en caliente alcanzarán los 750 dólares por tonelada en 2026. Alemania aprobó un fondo masivo de infraestructuras que podría generar hasta 9 millones de toneladas adicionales de consumo de acero al año.
En 2025, las principales acereras europeas protagonizaron un rally impresionante: ArcelorMittal se revalorizó un 76%, SSAB un 50,7%, Salzgitter un 65,2% y Acerinox un 41,8%.
Verde, rentable y europeo: el acero del futuro
Si la protección arancelaria es el escudo, la descarbonización es la espada. El Plan de Acción para el Acero destinará 150 millones de euros en 2026-2027, más otros 600 millones del programa Horizonte Europa.
El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, que entró en vigor el 1 de enero de 2026, grava las importaciones con alta huella de carbono. El mensaje es contundente: si quieres vender acero en Europa, tendrá que ser limpio.
Los fantasmas que aún acechan
El sector sigue enfrentando obstáculos: el costo de la energía, la guerra comercial con Estados Unidos (aranceles del 50% sobre el acero europeo) y la sobreproducción global. La capacidad mundial alcanzó los 551 millones de toneladas en 2023, y para 2026 se sumarán otros 157 millones.
Un futuro que se forja ahora
Después de perder 34 millones de toneladas de producción desde 2018 y 100.000 empleos en los últimos 15 años, la combinación de protección arancelaria, inversiones verdes y respaldo político ofrece una oportunidad que no se puede desperdiciar.
Con el nuevo régimen de protección comercial previsto para julio de 2026, el sector apuesta por una década de transformación que combine competitividad económica con sostenibilidad ambiental. La pregunta ya no es si Europa puede competir en el mercado global del acero, sino cómo liderará la transición hacia una siderurgia del siglo XXI: más verde, más eficiente y estratégicamente blindada.