La ofensiva de Beijing para desacoplar su infraestructura de inteligencia artificial de los proveedores estadounidenses sumó un nuevo frente. Después de cerrar los centros de datos con financiamiento público a los chips de Nvidia, AMD e Intel, el gobierno chino puso ahora bajo la lupa un componente menos visible pero igual de crítico: los switches de red que interconectan miles de procesadores dentro de cada instalación. En el centro de la revisión aparece Broadcom, el fabricante que domina ese segmento.
La Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales (SASAC), el organismo que controla a las grandes empresas públicas chinas, dedicó las últimas semanas a relevar cuánto equipamiento de Broadcom utilizan los centros de datos de compañías estatales. El diagnóstico preliminar dimensiona la dependencia: en algunas de esas instalaciones, los switches de la firma estadounidense representan hasta el 90% del equipamiento de red. El relevamiento también analiza si las prácticas comerciales del proveedor, como la venta en paquetes o la exigencia de compras de gran volumen, reforzaron esa posición.
De la recomendación a la regla
Por ahora no hay una prohibición formal ni un cronograma de reemplazo. La alternativa que se evalúa es una guía informal que aliente a los operadores estatales a diversificar proveedores y reducir de manera gradual su exposición a Broadcom, un mecanismo que Beijing ya utilizó en otros segmentos tecnológicos antes de convertir las recomendaciones en reglas.
El paso se inscribe en una secuencia coherente. En noviembre de 2025, el gobierno prohibió los aceleradores de IA extranjeros en centros de datos financiados con fondos públicos, con la obligación de retirar los chips ya instalados en proyectos con menos del 30% de avance. En junio de 2026 lanzó un plan de centros de datos de IA por unos 2 billones de yuanes —alrededor de 295.000 millones de dólares— a cinco años, con la condición de que sean operados por empresas estatales y que al menos el 80% de la tecnología provenga de proveedores locales. Los switches eran una de las piezas que todavía quedaban fuera de esa lógica de «chips nacionales para uso nacional».
Un componente crítico y difícil de reemplazar
La relevancia del componente explica el interés oficial. En un centro de datos de IA, el rendimiento no depende solo de la potencia de cada procesador sino de la velocidad con la que miles de ellos intercambian información. Los switches de alta gama definen esa capacidad, y su reemplazo exige rediseñar redes, reentrenar equipos técnicos y validar la compatibilidad con los aceleradores locales. Por eso la sustitución, aun si se ordena, difícilmente sea inmediata.
Del lado chino, los beneficiarios potenciales ya están identificados. Huawei comercializa switches de alto rendimiento y es además el principal proveedor de chips de IA locales, lo que le permite ofrecer soluciones integradas. H3C Technologies y Ruijie Networks completan el grupo de fabricantes en condiciones de absorber parte de la demanda estatal. La política también encaja con el respaldo oficial a los llamados «pequeños gigantes», empresas tecnológicas especializadas que Beijing busca escalar como sustitutas de proveedores extranjeros.
El otro gran proveedor global de redes de alto rendimiento para IA, Nvidia, ya había quedado fuera de los centros de datos estatales con la prohibición de sus aceleradores, dado que buena parte de su equipamiento de conectividad se vende integrado a sus propios sistemas. Con Broadcom en revisión, los dos principales referentes estadounidenses del segmento quedarían bajo presión simultánea, lo que despeja el terreno para que los fabricantes locales ganen escala en contratos públicos de gran volumen.
Impacto acotado, riesgo de largo plazo
Para Broadcom, el impacto inmediato parece acotado. La compañía facturó 63.900 millones de dólares en su ejercicio fiscal 2025 y su motor de crecimiento está fuera de China: los chips de IA diseñados a medida para grandes plataformas tecnológicas estadounidenses, que le reportaron 16.700 millones de dólares solo en el tercer trimestre fiscal de 2026, con una proyección de 58.000 millones de dólares para el año. La acción apenas retrocedió 0,3% en la preapertura tras conocerse la noticia, luego de acumular cinco sesiones consecutivas en alza.
El riesgo es de mediano plazo. Si el desplazamiento avanza del sector estatal hacia el privado, Broadcom perdería presencia en uno de los mayores mercados de infraestructura de IA del mundo, en un segmento —el de redes— que hasta ahora había quedado al margen de la disputa tecnológica. Para la industria global, la señal es más amplia: Beijing ya no limita su estrategia de autosuficiencia a los procesadores, sino que la extiende a cada eslabón del hardware que sostiene la inteligencia artificial.
El momento tampoco es casual. La revisión avanza en la antesala del encuentro previsto entre Xi Jinping y Donald Trump en Estados Unidos, en un contexto en el que Washington mantiene controles a la exportación de semiconductores avanzados y Beijing responde acelerando la sustitución de importaciones en su infraestructura crítica. Aunque la guía sobre Broadcom no tenga carácter vinculante, la experiencia de otros segmentos sugiere que las recomendaciones de la SASAC suelen anticipar decisiones de compra concretas en las empresas estatales, y que el sector privado termina replicando esa orientación.

