China dejó de comprar: lo que Trump debe aprender antes de sentarse con Xi Jinping

El colapso de las exportaciones estadounidenses a China en 2025 no es solo el resultado de la guerra arancelaria.
07/03/2026
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China dejo de comprar a EEUU
China dejo de comprar a EEUU

En abril de 2025, China prácticamente dejó de comprar productos estadounidenses. La segunda guerra comercial de Trump, encabezada por aranceles de hasta 145 puntos porcentuales, provocó una represalia china que hundió las exportaciones de bienes de EE.UU. a su tercer mayor mercado importador a niveles no vistos desde la crisis financiera de 2008. Al cierre del año, las exportaciones nominales de bienes cayeron 26% respecto a 2024 y, como porcentaje del PBI estadounidense, las ventas a China habían caído a casi la mitad de los niveles previos a la primera guerra arancelaria de Trump en 2017.

El gobierno respondió abriendo una investigación bajo la Sección 301, enfocada en el incumplimiento del acuerdo «fase uno» firmado con Beijing en enero de 2020. Ese acuerdo —que China cumplió sólo en un 58%— contenía compromisos potencialmente transformadores: apertura del mercado agrícola y financiero, protección de propiedad intelectual y eliminación de barreras. Pero Trump lo vendió políticamente como un compromiso chino de comprar 200.000 millones de dólares adicionales en exportaciones estadounidenses, lo que nunca ocurrió.

El panorama sectorial es heterogéneo pero mayormente sombrío. Los autos estadounidenses tocaron su piso desde 2009; los semiconductores muestran cierta recuperación en chips básicos; los biológicos farmacéuticos crecieron levemente. La agricultura sufrió otro golpe duro: las exportaciones de soja cayeron a mínimos de 2018, y China ha reemplazado activamente a proveedores estadounidenses con Brasil y Argentina. La energía —crudo, gas natural licuado, carbón— retrocedió a niveles pre-2017.

Pero el problema va más allá de los aranceles. China ha construido sistemáticamente una muralla de políticas de sustitución de importaciones: subsidios, requisitos de contenido local, compras estatales preferentes y directivas informales para reemplazar productos extranjeros en sectores clave. El discurso de Xi en 2020 sobre la «doble circulación» fue la señal política: China no puede depender de importaciones. Los datos sugieren que lo está logrando.

La lección más importante que Trump podría extraer de esta investigación no es culpar a sus rivales políticos ni negociar otro acuerdo bilateral de compras puntuales. Es reconocer que el resto del mundo enfrenta el mismo problema: las importaciones reales de China desde el mundo cayeron 1% desde 2021, mientras sus exportaciones reales crecieron más de 25%. Europa, Japón y otras economías industrializadas comparten la frustración con el modelo económico chino y están dispuestas a actuar en conjunto.

El rechazo de la Corte Suprema a los aranceles del «Día de la Liberación» abre una ventana. Trump puede reorientar su estrategia: dejar de alienar a aliados potenciales con amenazas arancelarias, comprometerse multilateralmente a través del G7, y buscar una presión coordinada sobre las prácticas comerciales chinas que ningún país puede enfrentar solo. Un acuerdo en el que Xi ordene comprar más soja o gas natural sería, en el mejor caso, un titular. La verdadera victoria sería liderar una coalición que transforme las reglas del juego.

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