Brasil cerró el ciclo comercial 2025/26 —de agosto de 2025 a julio de 2026— con exportaciones de algodón por 3,37 millones de toneladas, un récord histórico y un 19% más que las 2,84 millones de toneladas de la temporada anterior, según datos oficiales de comercio exterior relevados por la Asociación Brasileña de Productores de Algodón (Abrapa). Es la primera vez que el país supera la barrera de los tres millones de toneladas. Los envíos generaron ingresos por unos 5.300 millones de dólares y un saldo comercial 9% superior al del ciclo previo.
El salto es todavía más notorio en perspectiva: en apenas cuatro temporadas, el volumen exportado más que se duplicó, desde 1,45 millones de toneladas en 2022/23. En 2023/24, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Brasil desplazó por primera vez a Estados Unidos como principal exportador mundial de la fibra, una posición que desde entonces no hizo más que afianzar.
Una cosecha récord pese a menos superficie
El respaldo productivo es sólido. La Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) estimó en septiembre que la campaña 2025/26 alcanzará 4,14 millones de toneladas de algodón en pluma, el nivel más alto de la serie histórica, un 1,5% por encima del ciclo anterior. El dato llama la atención porque la superficie sembrada cayó 3,2%, a 2,02 millones de hectáreas: el crecimiento se explica íntegramente por la productividad, que subió 4,9% hasta 2.053 kilos de pluma por hectárea.
Esa combinación de rindes altos y escala —con epicentro en Mato Grosso y Bahía, y un esquema de doble cultivo con la soja— es uno de los pilares de la competitividad brasileña, junto con las inversiones en logística portuaria que permitieron absorber volúmenes crecientes de carga contenerizada.
China vuelve a comprar y Asia tracciona la demanda
El movimiento se refleja en los puertos. Entre enero y julio de 2026, los embarques de algodón brasileño en contenedores sumaron 152.581 TEU, un 28,6% más que en el mismo período de 2025, según relevamientos de tráfico marítimo. China fue el destino más dinámico: recibió 29.193 TEU, con un alza de 232,1% interanual, en un contexto de menor oferta estadounidense en el mercado internacional. Bangladesh, segundo gran polo textil de Asia, aumentó sus compras 43,9%.
En el balance del ciclo completo, China absorbió unas 770.500 toneladas, cerca del 23% del total exportado, mientras que Bangladesh fue el mercado que más creció en volumen absoluto. Turquía, Pakistán, Vietnam e India completan la lista de principales compradores, lo que muestra una cartera de destinos diversificada y fuertemente anclada en la industria textil asiática.
Un mercado global que se ajusta
El contexto internacional juega a favor de los exportadores con oferta firme. En su informe de septiembre, el USDA proyecta para 2026/27 una producción mundial de 117,3 millones de fardos, 4% menos que en la campaña anterior, frente a un consumo industrial de 122,9 millones, el más alto desde 2020/21. Será la primera vez en tres años que la demanda supere a la oferta, y los stocks finales globales caerían 7%, a su nivel más bajo en unos quince años.
Las mermas se concentran en los grandes productores: China recortaría su cosecha 6%, Estados Unidos 5% y Brasil apenas 1%. Aun así, el organismo estadounidense prevé que Brasil exporte 15,5 millones de fardos —alrededor del 35% del comercio mundial, igualando el récord de la temporada actual—, frente a 12,3 millones de Estados Unidos, que retendría un 28% del mercado. Con ese cuadro de oferta ajustada, el USDA anticipa precios internacionales más altos para la próxima campaña.
Más allá del precio: confiabilidad y trazabilidad
El Comité Consultivo Internacional del Algodón (ICAC) atribuye el avance brasileño a la producción récord, a precios competitivos, a un mayor acceso a mercados y a la menor disponibilidad de algodón estadounidense en el comercio internacional. En un mercado más estrecho, la regularidad del abastecimiento y la capacidad logística pasan a pesar tanto como la calidad de la fibra en las decisiones de los compradores.
A esos factores se suma una exigencia creciente de marcas, minoristas e hilanderías: la trazabilidad y la certificación de prácticas sustentables. Brasil llega bien posicionado en ese frente, con programas sectoriales de certificación socioambiental y trazabilidad de la fibra, atributos que ganan valor a medida que los grandes compradores textiles endurecen sus requisitos de origen.


Follow