La guerra tiene precio, y en los mercados energéticos ese precio acaba de alcanzar un máximo histórico. Saudi Aramco estableció el precio oficial de venta del Arab Light crudo para mayo en una prima de 19,50 dólares por barril sobre el promedio del índice Omán/Dubai, un incremento de 17 dólares respecto al mes anterior. Es el diferencial más alto que el gigante estatal saudí haya aplicado jamás a sus clientes asiáticos, y es una consecuencia directa del caos que el conflicto en Medio Oriente está generando en los flujos globales de energía.
Encuestas realizadas a traders y refinadores apuntaban a una prima que podría llegar a los 40 dólares por barril, impulsada por el drástico ajuste en la oferta de crudo de Oriente Medio tras la escalada del conflicto y el cierre casi total del Estrecho de Ormuz al tráfico de buques tanqueros.
La razón detrás del salto es estructural y geopolítica a la vez. El petróleo de Oriente Medio es ahora el más caro del mundo, después de que la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán limitará drásticamente el tránsito por el Estrecho de Ormuz, por el que circula normalmente cerca de un quinto del suministro global. Arabia Saudita y los Emiratos son los únicos grandes productores del Golfo con rutas de exportación alternativas al estrecho, lo que convierte al crudo saudí en un bien escaso y de altísima demanda relativa. Esa posición de ventaja se tradujo directamente en el precio.
Aramco alcanzó la capacidad máxima de 7 millones de barriles diarios en su oleoducto hacia la costa del Mar Rojo, desde donde exporta cerca de 5 millones de barriles de crudo por día, aproximadamente el 70% de sus embarques previos a la guerra. La operación logística es titánica, pero tiene límites físicos y financieros que el mercado ya está absorbiendo.
Para los compradores asiáticos, las consecuencias son inmediatas. Los refinadores de la región deben asumir el costo elevado o trasladarlo a los mercados de productos refinados, con efectos que probablemente se verán reflejados en los precios de la gasolina y el diésel en las próximas semanas. China, India, Japón y Corea del Sur, los cuatro principales destinos del crudo que transitaba Ormuz, son los que más expuestos quedan a esta dinámica.
La situación tampoco es simple para Arabia Saudita. Los compradores asiáticos ya habían comenzado a presionar al reino para que cambiara su mecanismo de fijación de precios, argumentando que el benchmark de Dubai, sobre el que habitualmente se calcula el precio del crudo saudí para Asia, se volvió volátil e impredecible por la escasez física de suministro del Golfo Pérsico. Algunos refinadores incluso comenzaron a fijar órdenes de crudo estadounidense usando el índice Brent de ICE en lugar del tradicional Dubai.
En ese contexto de incertidumbre, la OPEC+ intentó enviar una señal de estabilización. El grupo acordó aumentar su cuota de producción en unos 206.000 barriles diarios a partir de mayo. Sin embargo, el gesto tiene más de declaración de intenciones que de impacto real: es un incremento modesto que existirá mayormente sobre el papel, dado que los miembros clave del grupo no pueden elevar su producción efectiva mientras la guerra mantenga cerrados los flujos del Golfo Pérsico.
La prima récord del Arab Light es, en el fondo, el precio de la seguridad y la certeza de entrega. En un mercado donde el suministro es incierto y las rutas alternativas escasas, quien puede garantizar el barril cobra la diferencia.

