Las cadenas de suministro latinoamericanas atraviesan un escenario de inestabilidad creciente, moldeado por tensiones geopolíticas, cambios abruptos en las políticas comerciales, fenómenos climáticos extremos y cuellos de botella logísticos que se repiten con frecuencia. A estas presiones coyunturales se suman limitaciones estructurales de larga data, como las brechas de infraestructura portuaria y vial y la complejidad de los marcos regulatorios en buena parte de los países de la región.
Un análisis de Maersk sostiene que los modelos tradicionales de planificación, apoyados casi exclusivamente en series históricas, ya no alcanzan para anticipar este tipo de escenarios. La compañía identifica un desplazamiento regional hacia capacidades predictivas y adaptativas, sostenidas en inteligencia artificial, torres de control logístico, gemelos digitales e Internet de las Cosas (IoT), que permiten a las empresas ajustar sus operaciones en tiempo real en lugar de reaccionar una vez producida la interrupción.
La exposición de América Latina al comercio internacional explica en gran medida esta vulnerabilidad. Según datos del Grupo del Banco Mundial citados en el estudio, el comercio de bienes representó en 2024 el 43,1% del PIB regional, con una incidencia particularmente alta en México, Chile, Costa Rica y Panamá, economías cuya actividad depende de forma directa del flujo constante de mercaderías.
Rutas marítimas bajo presión y un clima cada vez más extremo
El reporte recoge advertencias de la UNCTAD sobre la coincidencia de interrupciones en corredores marítimos clave —el Mar Rojo, el Mar Negro y el Canal de Panamá— que en los últimos años obligaron a navieras de todo el mundo a rediseñar rutas y tiempos de tránsito de manera casi permanente.
A ese cuadro se suma la variable climática. De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, 2024 fue el año más cálido o el segundo más cálido registrado en América Latina, un período en el que distintas subregiones enfrentaron de forma simultánea huracanes, inundaciones, sequías prolongadas e incendios forestales, con impacto directo sobre puertos, rutas terrestres y calendarios de cosecha vinculados a las exportaciones.
Las brechas de infraestructura completan el diagnóstico. El último Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial ubicó a Brasil como el mejor posicionado de la región con 3,2 puntos, seguido por Chile (3,0) y por Colombia, Costa Rica y México, empatados en 2,9. Maersk señala estas cifras como evidencia de una brecha que la región aún no logra cerrar frente a los principales polos logísticos globales.
De anticipar el riesgo a actuar sobre él
Para Maersk, la resiliencia dejó de entenderse únicamente como la capacidad de recuperarse tras una interrupción. La compañía plantea un enfoque más amplio, centrado en detectar los cambios de manera temprana, sostener visibilidad sobre el conjunto de la operación y adaptarse de forma continua a medida que las condiciones evolucionan.
La velocidad de adopción de estas herramientas es dispareja dentro de la región. El relevamiento estima que cerca del 85% de las empresas emergentes latinoamericanas ya utiliza inteligencia artificial generativa y que aproximadamente un 75% incorpora tecnologías predictivas, mientras que la adopción en las industrias tradicionales continúa siendo mucho más gradual y desigual entre países.
En ese proceso, las torres de control logístico, los Port Community Systems (PCS) y los gemelos digitales ganan protagonismo como herramientas para anticipar operaciones portuarias, estimar con mayor precisión los tiempos de arribo de los buques y coordinar recursos con antelación, reduciendo tiempos muertos y costos asociados a la incertidumbre.
El desafío pendiente: unir planificación y ejecución
Maersk advierte, sin embargo, que la capacidad de anticipación por sí sola no resuelve el problema. El verdadero factor diferencial, sostiene la compañía, está en cerrar la brecha entre la planificación y la ejecución, de modo que la información disponible se traduzca en respuestas más rápidas y coordinadas a lo largo de toda la cadena de suministro.
Con ese objetivo, las empresas de la región incorporan plataformas de visibilidad en tiempo real, monitoreo mediante sensores IoT y sistemas de decisión avanzados que permiten redirigir envíos o reasignar recursos logísticos a medida que cambian las condiciones operativas. La etapa siguiente, según el análisis, estará marcada por aplicaciones de inteligencia artificial más sofisticadas, incluidos sistemas basados en agentes autónomos capaces de actuar sin intervención humana directa.

