El cierre de 2025 dejó una señal clara para Dock Sud: más allá de los números agregados, el puerto atraviesa una reconfiguración funcional que lo está posicionando como pieza clave del engranaje logístico metropolitano.
Con 11,5 millones de toneladas movilizadas y un alza interanual del 10,31%, el balance operativo muestra solidez. Pero el dato que marca la diferencia está en otro lugar: un crecimiento del 71,15% en el movimiento de contenedores (TEUs), la cifra que mejor explica el cambio de fase que está experimentando el complejo portuario del sur del AMBA.
Más que volumen: un cambio en el tipo de operación
El incremento del 10% en tonelaje total confirma la continuidad de la actividad tradicional del puerto, vinculada al abastecimiento energético e industrial de la región. Sin embargo, la explosión del tráfico contenerizado introduce una lectura distinta: Dock Sud ya no responde únicamente a una lógica de cargas masivas, sino que está incorporando flujos logísticos más diversificados, sensibles a la frecuencia y a la integración con cadenas productivas dinámicas.
Ese salto del 71% en contenedores refleja un proceso en el que el puerto comienza a captar operaciones que antes gravitaban en otros terminales o que simplemente no existían con esa intensidad. La clave está en Exolgan, la principal terminal de contenedores del complejo, que actúa como puerta de entrada y salida de insumos productivos, autopartes, químicos, manufacturas y bienes de consumo que conectan al AMBA con Asia, Brasil, Estados Unidos y Europa.
De plataforma industrial a nodo comercial integrado
Lo que sucede en Dock Sud puede leerse como un espejo de las transformaciones productivas del área metropolitana. El aumento del tráfico contenerizado está directamente vinculado con sectores que demandan mayor velocidad logística: industria química, manufactura liviana, automotriz, consumo masivo. Son actividades que no mueven commodities a granel, sino cargas fraccionadas, con tiempos ajustados y exigencias operativas más complejas.
En ese sentido, el crecimiento de los TEUs funciona como indicador de una doble dinámica: por un lado, el puerto se está adaptando a las necesidades de una economía metropolitana cada vez más integrada al comercio global; por otro, está ampliando su capacidad de respuesta ante flujos que requieren infraestructura especializada y coordinación multimodal.
Dock Sud deja de ser pensado exclusivamente como puerto industrial para consolidarse como infraestructura logística de soporte al entramado productivo y comercial del AMBA. Esa evolución no es menor: implica inversión en tecnología, mayor rotación de cargas, conexión terrestre eficiente y coordinación con actores de la cadena de valor.
¿Coyuntura o tendencia estructural?
El desempeño de 2025 plantea una pregunta hacia adelante: ¿este crecimiento del tráfico contenerizado responde a factores circunstanciales —recuperación industrial, desvíos operativos, incentivos puntuales— o marca el inicio de una transformación más profunda en el posicionamiento del puerto?
La respuesta todavía está en construcción, pero los datos sugieren que hay algo más que un rebote estadístico. El ritmo de crecimiento en contenedores, sostenido a lo largo del año, indica que hay una base operativa que se está consolidando. Si esa tendencia se mantiene, Dock Sud podría estar ingresando en una nueva etapa: la de funcionar como nodo logístico integrado, capaz de articular flujos energéticos, industriales y comerciales con niveles crecientes de complejidad.