Perú se ha consolidado como una de las economías más abiertas de América Latina. Con más de veintidós tratados de libre comercio que abarcan socios estratégicos como Estados Unidos, China, la Unión Europea y Japón, el país andino exhibe una red comercial que pocos en la región pueden igualar. El siguiente paso implica convertir esta apertura en transformación productiva.
Durante dos décadas, la política comercial peruana priorizó expandir el acceso a mercados internacionales. Los tratados han cumplido su función como instrumentos de apertura, pero su efectividad plena depende de la capacidad del Estado para convertirlos en palancas de cambio estructural.
El desafío pendiente: exportar mejor
Más del 70% de las exportaciones peruanas sigue concentrado en productos primarios: minerales, hidrocarburos, harina de pescado y bienes agrícolas básicos. Aunque han emergido nichos dinámicos en agroindustria y pesca para consumo humano, la estructura exportadora permanece esencialmente inalterada. Perú vende más, pero el desafío es vender mejor, y esa distinción determina el tipo de desarrollo sostenible que el país puede construir.
El comercio global actual se articula en torno a cadenas de valor, estándares técnicos, servicios digitales y consideraciones geopolíticas. Mientras economías comparables utilizaron sus acuerdos para impulsar clústeres industriales y transferencia tecnológica, Perú tiene la oportunidad de dar ese salto cualitativo.
La participación peruana en exportaciones manufactureras de contenido tecnológico medio y alto sigue siendo marginal, al igual que su integración en cadenas regionales de valor. La promoción comercial ha mostrado eficacia en ferias y misiones empresariales, pero requiere complementarse con una orientación productiva más definida.
China: oportunidad para diversificar la relación
El tratado con China dinamizó las exportaciones mineras y pesqueras, consolidando un esquema de intercambio tradicional: Perú provee materias primas y demanda manufacturas, tecnología y bienes de capital. Aunque la balanza comercial sea favorable, existe potencial para profundizar la relación mediante inversión china en manufactura avanzada, energías renovables o servicios de alto valor agregado.
Una situación similar se observa con Estados Unidos y la Unión Europea. Tras más de una década de vigencia de estos acuerdos, la presencia empresarial peruana continúa concentrada en pocos sectores, mientras las pymes enfrentan obstáculos logísticos, financieros y regulatorios que requieren soluciones complementarias a los tratados.
Nuevas oportunidades en el comercio internacional
Los nuevos determinantes del comercio internacional representan oportunidades para Perú. La economía digital, los servicios intensivos en conocimiento, las exigencias de sostenibilidad y los mecanismos de ajuste de carbono están redefiniendo la competencia global. El país tiene margen para posicionarse en estos ámbitos emergentes.
Perú puede desarrollar iniciativas en comercio digital, construir un relato consistente sobre sostenibilidad exportadora y definir una postura proactiva ante las regulaciones ambientales que implementan sus principales socios.
Este escenario se desarrolla en un contexto geopolítico en transformación. Mientras México, Vietnam o Marruecos se posicionan como plataformas productivas, Perú cuenta con ventajas propias para aprovechar estas tendencias.
De la apertura a la transformación
Los tratados han generado beneficios innegables: previsibilidad normativa, atracción de inversiones y crecimiento de exportaciones no tradicionales. El siguiente paso es maximizar su potencial mediante políticas complementarias. Firmar acuerdos es el primer paso; diseñar políticas de inserción inteligente requiere coordinación institucional, visión de largo plazo y voluntad reformista.
Perú necesita fortalecer el vínculo entre desarrollo productivo y comercio exterior, identificando sectores prioritarios, promoviendo encadenamientos productivos, estimulando innovación y utilizando los tratados como herramientas activas de transformación. Una política industrial moderna, inversión sostenida en capital humano y una institucionalidad que conciba el comercio en clave geoeconómica pueden potenciar las ventajas del país.
En un mundo donde la apertura comercial es apenas el punto de partida, el desafío es emplear con inteligencia los instrumentos existentes. La pregunta decisiva es qué papel Perú aspira a desempeñar en el comercio internacional de las próximas décadas.