Riesgos Globales 2026: La confrontación geoeconómica lidera las amenazas mundiales

El Informe advierte que nos encontramos en la “era de la competencia”.
24/01/2026
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Después de atravesar doce meses de inestabilidad geopolítica sin precedentes, revoluciones tecnológicas disruptivas y el debilitamiento sistemático de las estructuras multilaterales, los líderes mundiales enfrentan un horizonte radicalmente transformado en 2026.

El último análisis del Foro Económico Mundial —que recoge las perspectivas de más de 1.300 dirigentes globales y numerosos especialistas en gestión de crisis— revela una realidad contundente: hemos ingresado a una era de competencia despiadada donde las viejas alianzas se desmoronan y surgen nuevas líneas divisorias.

Los riesgos globales no solo persisten, sino que se aceleran en intensidad, magnitud e impacto. Sin embargo, existe un atisbo de esperanza: «nuestro destino no está escrito en piedra, sino que emerge de las decisiones colectivas que adoptamos hoy», señala el informe. El escenario actual muestra un mundo multipolar donde predomina el enfrentamiento sobre la colaboración y la desconfianza supera al consenso.

La incertidumbre como moneda corriente

La volatilidad define nuestro presente inmediato. La mitad de los consultados proyecta los próximos dos años como «caóticos» o «tempestuosos». En una visión más extendida —a una década vista— este pesimismo se intensifica: el 57% anticipa turbulencias mayores, mientras que casi uno de cada cinco prevé catástrofes de alcance planetario.

La economía como campo de batalla

El enfrentamiento geoeconómico emerge como la amenaza primordial para 2026, destronando al conflicto armado tradicional que lideró las preocupaciones del año anterior. Esta nueva modalidad de guerra invisible abarca batallas por rutas comerciales, flujos de inversión, control de cadenas productivas y acceso privilegiado a recursos estratégicos.

Aunque nos hayamos normalizado a vivir bajo el régimen de aranceles y sanciones, el peligro real radica en la escalada: bloqueos navales estratégicos, embargos sobre insumos vitales, ruptura masiva de acuerdos internacionales y restricciones brutales al movimiento de capitales podrían convertir las escaramuzas actuales en una guerra económica total.

Completando el podio de amenazas inmediatas figuran los eventos climáticos devastadores, la fractura social extrema y el tsunami de información manipulada que erosiona la realidad compartida.

El reloj del riesgo: presente versus futuro

A corto plazo (dos años), la agenda de peligros mantiene esta composición: confrontación económica global, narrativas falsas virales y polarización ideológica extrema, relegando los conflictos armados tradicionales a posiciones inferiores.

El panorama cambia dramáticamente al extender la mirada una década. Aquí, la crisis climática recupera protagonismo absoluto: fenómenos meteorológicos destructivos, extinción masiva de especies y colapsos irreversibles en sistemas ecológicos planetarios dominan las tres primeras posiciones. La desinformación persiste como preocupación grave (cuarto lugar), mientras que los peligros de la Inteligencia Artificial sin control cierran el ranking prioritario.

La tormenta perfecta económica

Los riesgos financieros han experimentado el ascenso más pronunciado en las proyecciones bienales. Además de la guerra económica, las amenazas de recesión profunda e inflación descontrolada han escalado ocho posiciones en gravedad percibida.

Igualmente alarmante resulta el temor al estallido de burbujas especulativas, que saltó siete lugares en el ranking. Esta combinación explosiva —deuda creciente, estancamiento económico e incertidumbre sobre retornos en tecnologías emergentes (IA, computación cuántica)— podría generar ondas de choque capaces de quebrar no solo corporaciones, sino el tejido social completo, advierte el documento.

Tecnología sin brújula ética

La evolución vertiginosa de la IA y la computación cuántica genera oportunidades extraordinarias, pero también multiplica exponencialmente los peligros. Desde la obsolescencia masiva de empleos y convulsiones sociales —cuando profesiones enteras desaparezcan— hasta amenazas existenciales: vulnerabilidad de sistemas de información ante ataques cuánticos y el surgimiento de arsenales militares autónomos que deciden sobre vida y muerte sin intervención humana.

La desinformación industrializada y las brechas de ciberseguridad ocupan el segundo y sexto lugar en el horizonte inmediato. Mientras tanto, los efectos adversos de la IA protagonizan el salto más espectacular: del puesto 30 a corto plazo trepa hasta el quinto lugar en la perspectiva decenal. El impacto general de tecnologías disruptivas escala del lugar 33 al 25 en ese mismo período. La alfabetización digital masiva, protocolos rigurosos y sistemas de control efectivos serán indispensables para navegar esta revolución sin naufragar.

La grieta que no cierra

La polarización extrema —ese abismo ideológico que fragmenta sociedades— ha sido protagonista constante en las últimas cinco ediciones del informe.

Este riesgo ocupa el tercer escalón a dos años vista, descendiendo al noveno en proyecciones decenales. Es el único peligro que se mantiene entre los diez primeros tanto a corto como largo plazo durante el último lustro.

Desigualdad creciente, deterioro de indicadores de salud pública, colapso del bienestar social y crisis económicas alimentan y profundizan esta fractura. Cuando se combinan con desinformación masiva y confrontación geoeconómica, el resultado probable es una radicalización sin precedentes de la polarización social y política en el bienio próximo.

El medio ambiente: amenaza silenciada pero vigente

Los peligros ecológicos han dominado rankings previos. Este año, sin embargo, enfrentan un desplazamiento temporal ante amenazas percibidas como más inminentes. Aunque eventos climáticos extremos y contaminación persisten entre los diez primeros —con leves retrocesos en el corto plazo—, los colapsos de sistemas terrestres y la extinción de biodiversidad han caído estrepitosamente hacia la mitad de la tabla comparado con reportes anteriores.

La perspectiva decenal invierte esta tendencia. Aquí, cinco riesgos ambientales capturan el top 10: catástrofes meteorológicas, extinción masiva y destrucción de ecosistemas, y puntos de no retorno en sistemas planetarios lideran implacablemente. La escasez de recursos naturales alcanza el sexto puesto y la contaminación el décimo, mientras la confrontación geoeconómica —obsesión del corto plazo— se hunde hasta el lugar 19.

El 68% de los encuestados proyecta que la próxima década traerá un ambiente político global más fracturado y multipolar que nunca. Apenas el 6% espera un renacimiento del orden internacional de posguerra y sus estructuras multilaterales, en un contexto donde los intereses nacionales aplastan sistemáticamente cualquier impulso de acción coordinada.

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